Transiciones

Leo en la wikipedia que Corea es una de las civilizaciones más antiguas de la tierra. Nosotros desembarcamos en Corea del Sur, un país que en las últimas décadas se ha convertido en una de las mayores economías del mundo. Con 50 millones de habitantes, es el octavo exportador y el más innovador del mundo. 

Voy leyendo todo esto mientras cruzamos Corea del Sur en autobús. Hace dos horas no sabía casi nada de este país más allá del Gangnam Style y las películas de Kim Ki-duk y Park Chan-wook. Y resulta que es la leche, y también el onceavo país del mundo en gasto militar. Está técnicamente en guerra, separado de su enemiga Corea del Norte por un extenso territorio neutral que, debido a su desuso, se ha convertido en una importante reserva natural, con especies que no se encuentran en ningún otro lugar de la tierra. El mundo y sus hermosas paradojas.

A mitad de trayecto, paramos en un área de servicio. De repente, nos damos cuenta de que un grupito de Coreanos nos está haciendo fotos. Finalmente, uno de ellos se acerca y nos dice que íbamos juntos en el barco del día anterior, de Vladivostok a Corea. Y así es, otra casualidad más. Feliz por el re-encuentro, el grupo de 40 coreanos jubilados nos rodea y nos mira y lanza expresiones de asombro, y nos hacemos más fotos juntos, y reímos.

Mientras les decimos adiós desde el autobús, pienso que Corea es un puntero país en guerra, con una de las poblaciones mejor educadas del mundo, y en donde un encuentro en una gasolinera con unos occidentales se convierte en motivo de fiesta para unos jubilados. Nos cuesta valorar si es algo positivo o negativo. Muchos de estos jubilados, o sus padres, sufrieron algunas de las guerras más sangrientas y crueles de la historia del siglo veinte. Y aquí están, disfrutando como niños haciéndose fotos con nosotros y cantando sus canciones.

Ciertamente, el país tiene mucho de naïve, de infantil, y nos preguntamos si se nos escapa algo, el maldito “gap” cultural que tanto les gusta nombrar a los anglosajones.

Llegamos a Busán. Nos alojamos en casa de una familia coreana donde actualmente viven la madre, el padre, una de las dos hijas que tienen y su perra. La hija habla un buen inglés con acento californiano, es decir, pertenece a una familia asiática de clase media-alta que ha enviado a sus vástagos a estudiar un posgrado a Estados Unidos. Ahora trabaja y gestiona el alquiler de las habitaciones sobrantes de la casa, quizá para compensar el dispendio de sus padres. También sostiene a su perra entre los brazos, y le va dando algún beso mientras nos explica que está agotada y se va a dormir, porque al día siguiente se levanta a las 5 para ir a trabajar. Lo dice de esa manera tan asiática, entre nostálgica, envidiosa y recelosa de tu ociosidad occidental. También nos dice que el otro huésped que tienen en casa es de nuestro país. Más tarde le saludaremos, es alemán.

Bajamos a dar una vuelta. Como es Sant Jordi, decidimos buscar una librería y una tienda de flores, con pocas esperanzas. Pero Corea no es Rusia, y a los cinco minutos de paseo encontramos, frente a frente, una librería escolar y una tienda de rosas, abiertas a las 10 de la noche. Nos hacemos una foto. No echamos en falta Sant Jordi, pero sí las librerías de Barcelona. El número y dimensión de las librerías es una de las principales diferencias entre Europa y Asia. Otra principal diferencia es la abundancia de restaurantes baratos donde comer razonablemente. Cenamos por menos de diez euros en un lugar pequeño y muy austero que despide olas de vapor hacia la calle, y en donde nos sirven unos dumplings maravillosos.

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Cenamos unos dumplings maravillosos en un típico restaurante asiático, para comer rápido y bien

Al regresar a nuestra habitación encontramos un mapa con las principales atracciones de Busán y los medios de transporte para llegar a cada lugar. Lo ha elaborado la hija especialmente para nosotros, junto a una nota donde se disculpa por haberse ido a dormir tan pronto y nos desea que pasemos muy buen día.

Mapa casero pero muy útil para nuestro recorrido por Busán. Imprescindible llevar escritos los lugares con caracteres coreanos

Mapa casero pero muy útil para nuestro recorrido por Busán. Imprescindible llevar escritos los lugares con caracteres coreanos

La madre está en el comedor mirando un culebrón en la televisión gigante. Decido lanzarme a la aventura idiomática, y me siento a su lado, y miro la tele ensimismado como ella. La situación es rara y no puede durar mucho tiempo. A los tres minutos, la madre me ofrece un té y se marcha a la cocina a prepararlo. Convenzo a Cris para que se siente a mi lado, y enseguida aparece la madre con dos tés de cebada y un plato de fruta. Intenta explicarnos algo de su otra hija, y se pone a manipular el mando del televisor. Al cabo de un rato comprendemos: su otra hija estudia música en Seúl, y apareció en un programa de televisión tocando con su grupo. La vemos cantar. Tiene una voz preciosa, le digo a la madre con toda la poesía de la que es capaz Google Translate. Al poco rato aparece la hija que estaba durmiendo, que exclama con hastío: “le pone este programa a todos los huéspedes que tenemos, lo siento”. Para nosotros, sin embargo, ha sido la conversación más agradable del día.

La primera noche en el futón es dura, literalmente. Pero me levanto con esa energía húmeda que te impregna el cuerpo cuando llegas a Asia. El ruido, el movimiento incesante, las luces de colores por todos los lados, tienen como primer efecto un subidón de adrenalina. Además, nos encontramos un desayuno a base de sopa, algas y kimchi (especie de ensalada coreana, muy picante) preciosamente dispuesto en la mesa. Para beber, una mezcla de té y café muy popular entre los locales.

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Desayuno a base de kimchi, sopa y café coreano. Para empezar bien el día.

Mientras comemos, aparece fugazmente el marido, ni siquiera llegamos a verle la cara. Hasta ahora no sabíamos que estaba en casa. La madre se agobia un poco, y prepara rápidamente una bandeja con el mismo desayuno que nos ha servido a nosotros. Entra en la habitación de él (diferente de la de ella) con la comida. En nuestros dos días en la casa, ya no le veremos más ni será mencionado, aunque la madre le volverá a preparar el desayuno a la mañana siguiente. Pensamos que deberíamos sentirnos halagados por comer lo mismo que el mudo patriarca invisible.

En Busán vemos uno de los mercados de pescado más grandes de Asia. No veo ninguna parada, sin embargo, con mejor género que el puesto que frecuentamos en el mercado de Santa Caterina de Barcelona, o la pescadería de la Irene en Sant Jaume d’Enveja. Es un fenómeno parecido al de las librerías, quizá el mismo en su origen esencial. Aún así caminamos un buen rato, contemplando entre fascinados y asqueados almejas gigantes, montañas de pulpos amontonados en carretas y pescados de plata con los ojos más tristes, dando sus últimos coletazos sobre el asfalto asfixiante, en un improvisado puesto callejero de una mujer muy mayor y muy pobre.

Dejamos el puerto sin ver el mar, y decidimos subir a la montaña. Caminamos por estrechas calles muy agradables, sin coches, en un barrio decorado con murales de vistosos colores que parece una guardería gigante. Al llegar a la cima, nos saluda un bosque de árboles en flor. El estruendo de la ciudad amansado como un niño llorón en las faldas de la montaña. Pasamos un rato sentados, sin hacer nada, contemplando el silencio.

Llegamos a la cima de Busán y encontramos un precioso jardín de árboles en flor

Al día siguiente cogemos un taxi hasta la estación marítima. Inicio una conversación de taxista: “¿Contento con el KIA?”. “Muy contento, los KIA son grandes coches, mejor que Hyundai. Más resistentes”. Hay cosas que son iguales en todos los países.

Un ferry supersónico nos llevará hasta Fukuoka, la primera ciudad nipona que visitaremos, y en donde pasaremos una semana en el apartamento de Taro, un japonés con mucha miga. En el ferry, un cartel sobre nuestros asientos indica “Por favor, abróchense el cinturón de seguridad. Este barco puede realizar bruscos movimientos repentinos para evitar ballenas u otras criaturas marinas”. Otro cartel en el baño explica gráficamente la manera correcta de mear sin ensuciar. Sin duda, estamos llegando a Japón. Corea del Sur ha sido una plácida transición, de la que quizá podría haber aprendido algo la española.

4 comentarios on Transiciones

  1. Orioln
    4 julio, 2015 at 22:04 (2 años ago)

    Que bé que escrius, malgrat que sigui amb 2 mesos eterns en diferit.

    Aquest comportament infantil, el marit invisible, les olors a podrit dels mercats, els futons, els picants tant diferents, i aquesta energia matinera humida, sorollosa…

    Asia son tant diferents….

    De fet cada regió i cultura és diferent, i fa pena pensar que podem acabar tots amb texans, Coca-Cola, treballant moltes hores, més objectes, més consum, més, més.més….

    Quantes maneres diferents hi ha per a viure??

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    • Pere Rovira
      16 julio, 2015 at 10:13 (2 años ago)

      Moltes gràcies Oriol… la veritat és que intento posar-me al dia però no hi ha manera… i ja t’aviso, en els darrers dos mesos per Xina i Vietnam, m’han passat el triple de coses que en els dos mesos anteriors… així que tenim material per avorrir! 🙂 Ara he començat a fer notes de veu, per poder-ho recordar tot després.

      La veritat és que no només Asia és molt diferent, si no que hi ha moltes Asies molt diferents entre sí… poc a poc, ho anirem descobrint per aquí.

      Ens veiem!

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  2. Name*
    29 junio, 2015 at 09:20 (2 años ago)

    Muchos besos, queridos viajeros y feliz San Pere!!! Muy interesante Corea del Sur, la franja neutral, las costumbres… Los jubiletas, me parece que en todos los lados también iguales, siempre les alegra la juventud! ¡¡Seguimos leyendo y releyendo!!! ¡Sazos!

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    • Pere Rovira
      16 julio, 2015 at 10:06 (2 años ago)

      Es un país interesante, ideal para pasar unos días antes de viajar a otro lado 🙂 Gracias!

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