Torres gemelas

“Cuando fue el atentado del 11 de Septiembre pensé qué tonta, fuiste a Nueva York de vacaciones y no te diste cuenta de que las torres gemelas eran dos”. La mujer explica divertida esta y otras anécdotas. Es nuestra primera cena en el crucero, y compartimos mesa con dos matrimonios de sesenta y pico.

Ya llevan en el barco quince días, porque a diferencia de nosotros embarcaron en Japón, primer puerto de salida. Los imagino haciendo apuestas sobre quién iban a ser sus próximos compañeros de mesa. Supongo que no esperaban a dos treintañeros, ella sin pintar y él con la barba de varias semanas. Nos cosen a preguntas, pero son incapaces de escuchar ninguna de nuestras respuestas durante más de 30 segundos. Lo que más les incomoda es el silencio.

“Este viaje nos ha tocado una buena camarera”, dicen. “Es de Hungría, pero habla bien el inglés, aunque a veces le tengo que repetir las cosas. Siempre te sirve la misma camarera todo el viaje. Se esfuerzan mucho, porque quieren una buena propina. Aquí las cosas funcionan como debería funcionar todo en la vida. Por eso siempre que tenemos unas semanas libres, nos embarcamos en un crucero. ¿Es vuestra primera vez?”.

Volvemos a nuestro camarote. Las paredes de la habitación son metálicas. “Por eso siempre me llevo unos cuantos imanes cuando vamos de crucero, para poder fijar en la pared todos los programas de actividades”, nos había informado orgullosa la mujer de las torres gemelas. Cada tarde recibes un folleto con el programa del dia siguiente, llamado “patter”. Se te informa también de la etiqueta para la cena, la previsión del tiempo y algún dato curioso, como por ejemplo “hay 300,000 palillos a bordo”, “tenemos 286 neveras” o “utilizamos 97,000 platos al día”. En portada, el patter incluye una carta de algún oficial del barco: el responsable de cocina, atención al cliente, arte, excursiones, etc.

Por ejemplo, esta es la carta a los pasajeros del oficial de medioambiente:

“Todos los que le servimos en el Diamond Princess estamos dedicados a ayudarle a descubrir el esplendor natural del mundo. Creemos que podría interesarle conocer cómo trabajamos para mantener el planeta en buen estado, así cómo algunas maneras de ayudarnos.

Respetamos todas las leyes marítimas existentes para mantener nuestras aguas limpias y seguras. Constantemente buscamos nuevas maneras para reducir la energía que consume el barco y los servicios que ustedes vienen a disfrutar.

Recuerde que cuando desembarque en las diferentes paradas, le pedimos que lleve consigo una botella de agua reutilizable, o bien que recicle las botellas que compre en el puerto.

A bordo, puede ayudarnos con gestos simples como cerrar los balcones y las puertas, y disponer todos los objetos que no necesite en la papelera, en lugar de tirarlos por el váter. Por favor, fume sólo en las áreas designadas, y nunca tire nada al mar. Tanto si usted es un pasajero como un miembro de la tripulación, aproveche cada crucero para profundizar su conocimiento de las maravillas del mundo, y la responsabilidad que todos compartimos para protegerlo.”

Se estima que el 77% de la contaminación de los mares es consecuencia directa de los cruceros, cuyos usuarios representan el 0,25% de la población mundial. El aire de las ciudades donde hacen escala también se resiente, puesto que los barcos no apagan los motores y siguen quemando combustible. La contaminación del aire en las inmediaciones del puerto es 20 veces mayor que las de una calle muy transitada. Por este motivo, ciudades como Oslo o Amsterdam obligan a los cruceros a conectarse a la corriente eléctrica, una solución que beneficia a sus habitantes ambiental y económicamente. En Barcelona, que en pocos años se ha convertido en uno de los principales destinos de cruceros del mundo, el puerto descarta dicha solución, y el ayuntamiento elabora estudios.

cartel informativo en el lavabo

El barco está lleno de carteles informativos. Incluso te indican durante cuánto tiempo tienes que lavarte las manos.

Encontramos la colcha y las sábanas de la cama dobladas hacia fuera, invitando a sumergirnos en un sueño. Alguien ha puesto los pijamas encima delicadamente, como lo haría una abuela. Las toallas nos miran, artísticamente colocadas en forma de cisne. Unos bombones rojos y azules rematan todo el conjunto. Entonces oímos una voz que nos llama desde el pasillo. Es Bobby, nuestro mayordomo. Nos explica que está a nuestro servicio para cualquier cosa que podamos necesitar. Cada vez que nos escucha llegar por el pasillo acude rápidamente. “¿Todo bien? No se molesten, yo les abro la puerta. ¿Puedo hacer algo por ustedes? Aquí tienen el programa para mañana, tendremos un magnífico concierto de Elton John en el cine de la cubierta principal”.

Por defecto, en concepto de propinas te cobran el 15% del importe del viaje en la tarjeta de crédito. Para anular este pago, tienes que acudir a recepción el primer día que embarcas, y firmar un documento. Además, está la propina de tu camarero de cena, la propina de otro camarero o camarera que te caiga especialmente bien, la propina para alguno de los animadores o músicos, y la propina para el mayordomo. En total, el crucero se encarece alrededor de un 25%. En varias compañías, los trabajadores que se dedican al servicio de habitaciones y de restauración cobran alrededor de 200 dólares al mes. Sin propina, es un sueldo miserable.

Después del exquisito trato servicial, el otro plato fuerte del crucero es la comida. Prácticamente a cualquier hora hay un restaurante abierto. Durante el día, tienes disponibles los comedores de autoservicio, y a la hora de comer dos salones con camareros. Para cenar, puedes escoger entre el self service o séis salones con servicio. Además, están los restaurantes exclusivos, que se pagan a parte. Lo normal es cenar siempre en la misma mesa que te asignan el primer día, compartida con otros viajeros. Pero también hay un salón para gente como nosotros, en donde comemos en soledad cada noche. El día de la cena de gala, sin embargo, tenemos que conformarnos con el self service, porque sin la ropa adecuada (vestido largo ellas, smoking ellos) no te dejan participar de la fiesta.

bandejas de comida en el crucero

Uno de los principales alicientes del crucero es la disponibilidad ilimitada de comida.

El ochenta porciento de los pasajeros son obesos, y de éstos un tercio son exageradamente obesos, probablemente enfermos. En el self service es donde el espectáculo es más grotesco. La gente se llena las bandejas como si no hubiera mañana. Lo que más éxito tiene son los pasteles, los pancakes con jarabe de arce artificial (“el auténtico es asqueroso”, nos dice un día una mujer) y las tostadas con mantequilla de cacauete. De vez en cuando hay comidas “temáticas”, que se sirven por la mañana. Te das cuenta porque a las diez ves pasar a gente sonriente con un bol repleto de guacamole en una mano y un plato de nachos con queso fundido en la otra. En una de las comidas temáticas nos encontramos con “ensalada de paella”. Muchos complementan su dieta con la barra libre de alcohol, que se puede adquirir por 50$ al día.

Lo que peor llevamos del viaje es la imposibilidad de encontrar un rincón tranquilo. Parece mentira en un barco de 300 metros de largo y 18 pisos de altura. Siempre hay música, o alguna película, o alguna actividad. Todo el día. El único lugar donde poder estar en silencio es tu habitación. Pero nuestro camarote es el más barato, sin ventanas y muy pequeño, con poco más que la cama doble.

playa en bali

Al cabo de tres días de crucero realizamos una escala en Bali, y pasamos unas horas disfrutando de sus magníficas playas. Prometemos volver.

Durante los doce días de crucero no participamos en ninguna de las actividades, pero lo pasamos en grande repasando la infinidad de opciones de entretenimiento que se ofrecen a bordo. Cursos de ukelele, ganchillo, teatro, baile, origami, hip hop, caligrafía, manualidades. Clases de gimnasia, perder peso, caminar correctamente, postura corporal, hábitos saludables. Competiciones de ping pong, baloncesto, golf. Poker, apuestas de caballos, bridge, bingo. El casino y las máquinas tragaperras abren todo el día y toda la noche, sin interrupción. Cada tarde y cada noche hay cine, teatro, conciertos, discotecas. Cada mañana empieza con la lectura de la Biblia. A lo largo del día se organizan encuentros de gays y lesbianas, veteranos de guerra, jugadores de cartas.

El programa diario de actividades

El patter es el programa diario de actividades y otras informaciones del crucero.

Un día asistimos atónitos al concurso de lanzamiento de huevos, organizado en el atrio central del barco. Desde el segundo piso, los concursantes tienen que tirar huevos, procurando (ignoro cómo) que no se rompan al caer. Le llaman “desafiar a la gravedad huevo a huevo”. La gente aplaude cada lanzamiento, y a juzgar por las sonoras carcajadas se lo pasa en grande. Otro momento estelar es la carrera alrededor de la piscina, con globos gigantes entre las piernas. Y cómo olvidar el día en que cruzamos el ecuador. Nos visitó un oficial disfrazado de Neptuno, que nos entregó un diploma para certificar la gran proeza del viaje.

diploma acreditativo de cruzar el ecuador

Este diploma certifica que “Mrs” Pere Rovira logró cruzar el ecuador en barco.

Cada tarde, antes de cenar, pasamos un rato en el gimnasio. A esta hora sólo lo utiliza la tripulación, y es por lo tanto el único momento del día que pasamos en compañía de gente de nuestra edad. Un día, al regresar al camarote con nuestra aura de sudor y en chándal, salimos del ascensor en la planta equivocada, y nos encontramos con un escenario rodeado de focos, en donde cada pareja se hace retratar enfundada en sus mejores galas. La puerta del ascensor se cierra detrás nuestro antes de que podamos rectificar. Allí estamos, rodeados de pasajeros barnizados con sus trajes, maquillajes y perfumes favoritos. Nadie parece percatarse de nuestra presencia, y lo agradecemos, porque no querríamos estropearle a nadie su momento de glamour made in Hollywood.

El ascensor es el sitio en donde más socializamos con el resto de viajeros. El piso que marcas indica tu poder adquisitivo, puesto que cada planta se corresponde con diferentes categorías de habitación. Un día Cris me comenta indignada que un hombre le ha dicho, después de observarla marcar nuestro piso: “no sabía que tan abajo también se alojaban pasajeros”. Las reducidas dimensiones del ascensor lo convierten en el lugar ideal para lucir discretamente la tarjeta que da entrada al camarote y permite pagar en los diferentes establecimientos del barco. Muchos pasajeros llevan la tarjeta en una cadenita colgadando del cuello. Hay diferentes diseños de cadenita, que a menudo son motivo de conversación: “la compré por internet, es exclusiva”. El color de la tarjeta depende del número de veces que has viajado en el crucero. En una ocasión conocemos a un matrimonio con tarjeta platino: “este es nuestro crucero número 28 desde que nos jubilamos”. Todavía les falta para igualar a Lorraine Artz, que con 5500 días (15 años) sostiene el récord mundial de tiempo en un crucero.

Nuestra tarjeta es azul, el color de los primerizos.

Nuestra tarjeta es azul, el color de los primerizos.

El octavo día de crucero llegamos a Darwin. Es uno de los momentos más emocionantes del viaje. Hemos logrado llegar a Australia, es decir al tercer continente de nuestro periplo. Tan sólo nos quedan dos, y habremos completado nuestro reto: dar la vuelta al mundo sin aviones, visitando los cinco continentes. La ciudad no vale mucho la pena, aunque nos permite un primer contacto con algunos de los principales tópicos de los australianos: peligros animales, exceso de advertencias, espacio de sobras.

cartel sobre medusas mortales en la playa

Australia es el país del mundo con mayor cantidad de animales peligrosos. Por ejemplo, este cartel en la playa nos advierte sobre las medusas letales. Curiosamente, también aconsejan llevar vinagre para aliviar el dolor de la picadura.

cuidado con las piedras

Lo que parece una inocente piedra puede ser amianto, muy peligroso para la salud.

cartel advirtiendo no saltar desde los puentes

Australia es famosa por advertirte de casi todo. Pero no pensábamos que también nos recomendarían no saltar desde los puentes.

escaparate de una farmacia

Después de varios meses por el sudeste asiático, habíamos olvidado las farmacias occidentales. En Australia abundan los productos para la disfunción eréctil y el estrés.

Finalmente, después de casi dos semanas de crucero, llegamos a Sydney navegando por el magnífico puerto de Darling. El icónico edificio de la ópera se pavonea orgulloso ante las cámaras. Desembarcamos y saltamos de alegría al volver a pisar tierra firme. Pedimos a una pareja que nos haga una foto con el Princess Diamond detrás. Mientras posamos, vemos pasar a unos metros a la mujer de las torres gemelas. Nos mira, gira la cara, y le grita a su marido que no camine tan deprisa. Al juzgar por las amargas expresiones de la gente, sólo nosotros nos alegramos de haber llegado a Australia.

foto de llegada a sydney

Después de 12 días de viaje, llegamos a Sydney. Al fondo, nuestro barco.

2 comentarios on Torres gemelas

  1. Oriol
    18 diciembre, 2016 at 23:11 (9 meses ago)

    Quantes maneres diferents de viatjar. Us deurien veure com uns bitxos ben raros en el creuer aquest. Com polisons, i imagino la majoria mirant vos per sobre de les espatlles…
    Com quan veiem pel carrer, trens o autobusos viatgers erràtics. tot viatger és erràtic en el fons, pero si viatges en manada,és com si deixes de ser ho.

    Quines grans experiències!! Enhorabona!!

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  2. Neus
    23 noviembre, 2016 at 17:35 (10 meses ago)

    ¡Qué bien llegar a Sidney! Qué hermosura el edificio de la ópera, tan icónico, como bien dices, el puerto, el buque y vosotros. Se os ve felices. Sólo por esta llegada vale la pena el via crucis del viaje tan sutil pero claramente narrado. En fin, sin comentarios. A ver que nos depara Australia, de momento avisos…, modernidad y cultura ¡No está mal !¡Muchos besos, dobles!

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