Same, same, but different

Son las dos de la mañana, y llevamos un pedal considerable. Hemos estado de fiesta desde las siete, con unos amigos de Cris, y otros amigos de sus amigos. Los camareros, que participan de la fiesta sólo ligeramente por debajo de nuestro nivel etílico, nos observan divertidos.

Uno de ellos ha contribuído con un licor local, que nos regala a chupitos con cada copa que pedimos. Nos hacemos una foto todos juntos, y seguimos bailando hasta que cierran el lugar.

Pasando la noche con amigos y amigos de amigos.

Pasando la noche con amigos y amigos de amigos.

Camino del hotel, la playa sin luna, oscura. Cae un relámpago, y empieza a llover a cántaros. Dos chicas del grupo se lanzan al mar como posesas, y regresan completamente empapadas, riendo a carcajadas. Fumamos un último cigarrillo sentados en la arena, bajo un solitario paraguas protector. Le insisto a Rubén para que olviden sus planes y se queden un día más. “No te bajes del paraíso en marcha, quizá tarde mucho tiempo en volver a pasar”. Pero la decisión ya está tomada. Nos abrazamos y nos decimos adiós. “Te debemos unas copas de vuelta en Barcelona”, digo antes de desaparecer.

Al cabo de seis horas me despierta el teléfono. Es Rubén: se han olvidado los pasaportes en su habitación, y necesita que se los enviemos en la próxima lancha, para que puedan proseguir su viaje sin cambiar de planes. Me pongo en pie, camino hacia el baño y me doy cuenta del resacón que llevo encima. Necesito una coca-cola, y probablemente devolver. Cris se despierta, intento explicarle la historia de los pasaportes, y salgo a buscar ayuda. Nuestro hotel se compone de varias cabañas individuales entre la vegetación. Un caminito te lleva al bar al aire libre frente a la playa, que también ejerce las veces de recepción. El estadounidense que regenta el complejo me deja entrar en la cabaña de Rubén. Abro la caja fuerte con el código que me ha enviado mi amigo por teléfono, y encuentro los pasaportes. Al cabo de tres horas me llama, ya tienen los documentos y prosiguen el viaje. “¿Ves como os teníais que haber quedado? Me voy a dar un baño”.

Buceando de la mano en las aguas de Koh Lipe

Buceando de la mano en las aguas de Koh Lipe

El agua de Koh Lipe es del color de un ideal. Dan ganas de bebérsela. Con unas gafas de bucear que hemos alquilado a unos gitanos, hemos visto más de 20 especies de peces tropicales. El rey de la playa es el pez payaso, mundialmente conocido como “Nemo”. Inquilino de las anémonas violáceas, su vestido naranja con tres franjas blancas, sus ojos de negro puro, su vaivén ajeno al mundo lo hacen inconfundible. Puedo pasar horas mirándolo, en busca de las raras ocasiones en que logro que me mire por un segundo. Entonces, salgo a la superficie exultante, respiro el aire puro, miro alrededor, y mi cuerpo sonríe.

El pez payaso es hermafrodita. Vive en comunidad alrededor de las anémonas, con las cuales mantiene una relación de mutuo beneficio. Para protegerse de los depredadores, las anemonas segregan un líquido letal. El pez payaso logra hacerse inmune a este veneno a lo largo de su vida, con lo cuál encuentra en la anémona un habitat seguro. A cambio, se alimenta de parásitos y otros organismos perjudiciales para la casera. El pez más grande es siempre hembra, y el segundo más grande el macho reproductor. El resto son todos machos. Si muere la hembra, el macho reproductor cambia su sexo a hembra, y el siguiente pez más grande se convierte en el macho reproductor.

Desde nuestra hamaca, Pattaya Beach.

Desde nuestra hamaca, Pattaya Beach.

Después del baño, escogemos una hamaca y nos sentamos a leer. Es una de las pocas decisiones que debemos tomar cada día. Por algún motivo, he estado leyendo “Del sentimiento trágico de la vida”, de Miguel de Unamuno. También me acompañan un par de libros sobre la física de la muerte y del infinito. Quizá necesito compensar tanta felicidad, o buscar una manera de hacerla inmortal. Seguimos leyendo, nos bañamos, comemos, dormimos la siesta. Son nuestras vacaciones de la vuelta al mundo. Volvemos a ser guiris, o lo somos más que nunca.

Atardecer en Pattaya Beach, en Koh Lipe.

Atardecer en Pattaya Beach, Koh Lipe.

Cada tarde, sobre las cinco y media, me preparo para el atardecer. Suelo sentarme en el mismo tronco de la playa, con el trípode, el teléfono y un paquete de cigarrillos. Coloco el teléfono en el trípode, encuadro la playa y el mar, y le doy al botón de “timelapse”, una sucesión de fotografías que se almacenan en forma de vídeo y permiten captar los matices del crepúsculo. Entonces me dedico a observar en vivo los cambios de luz, de color y de personas, sentado en el tronco, o paseando en círculos concéntricos de radio variable. Muchas veces me visitan los perros negros de la isla, y juegan a pasar por delante del trípode. Nunca lo tocan. Cuando llegan galopando dan miedo, pero son respetuosos y agradables como sus amos.

perros en koh lipe

Cuando llegan corriendo dan miedo, pero luego son respetuosos y agradables como sus amos.

Llega la noche y nos dirigimos a Walking Street, la única calle con aliento comercial. Se accede desde la playa, a través de un arco con un letrero encima, algo oxidado como mi memoria, en el que puede leerse “Walking Street”. La calle mayor. Cuatro tipos de negocio copan la mayor parte de los locales: restaurantes, agencias de viaje, centros de masaje y bares. Alguna escuela de buceo, una tienda de ropa, un par de supermercados, y poco más. Debe haber unas 10 agencias de viaje, todas prácticamente iguales. Lo mismo sucede con los centros de masaje. Si algo va bien, se copia. Y a pesar de la competencia exagerada, cada uno encuentra su lugar, porque no espera mucho.

Es la lógica del “same, same, but different”, una frase que se ha hecho popular entre los turistas. Podríamos preguntarle a un vendedor de la calle mayor: “¿Qué diferencia hay entre tu agencia de viajes y la de al lado?”. Y lejos de explicarnos las virtudes únicas de su servicio, seguramente nos dirá: “Same, same, but different”. Esta respuesta es en el fondo una actitud ante la vida. Todo es lo mismo, pero diferente.

Como los lady-boys (“Kathoey” en tailandés), un colectivo muy integrado en la sociedad tailandesa, tanto en las grandes ciudades como en los pueblos. Es habitual verlos en trabajos de atención al público, salones de belleza y fábricas. También hay modelos, actrices o cantantes famosas, y suelen aparecer en los medios. Estrictamente, el término “Kathoey” se refiere únicamente a las mujeres que fueron hombres o a los hombres gays muy afeminados. Algunos lo consideran el tercer sexo. Aunque muchos lady-boys son indistinguibles de una mujer, un tailandés podría sonreír pícaramente y decirte mientras desvía la mirada a la entrepierna: “same, same, but different”.

Deben ser las siete. Las siete de la última noche en Koh Lipe. La pasamos cenando y charlando con los amigos que hemos hecho en Trash Hero. Hemos estado toda la mañana recogiendo basura juntos, y ahora llega el momento de compartir la vida en un contexto más acogedor. Nuestro anfitrión es Oh Jirawat, el dueño del Sports Bar y uno de los principales impulsores de Trash Hero en la isla. Es un hombre de metro ochenta, muy musculado. El torso y los brazos descubiertos para mostrar el tapiz de senefas negras tatuado sobre la piel cafesosa. Una melena joven y negra. Pantalones anchos, descalzo. A pesar de su aspecto salvaje, es un hombre pacífico y bondadoso.

Oh Jirawat, el dueño del Sports Bar y uno de los principales impulsores de Trash Hero en Koh Lipe.

Oh Jirawat, el dueño del Sports Bar y uno de los principales impulsores de Trash Hero en Koh Lipe.

Para él trabaja Peter, un veinteañero de Singapur que parece recién salido de una escuela de negocios: afeitado, bermudas y polo, cosmopolita de Starbucks. Pero en lugar de colocarse en un banco de inversión, pasará unos meses en la isla para sacarse el carnet de instructor de buceo, y luego verá qué hace. “Cada lunes me tomo un batido de estos”, dice señalando el vaso repleto de un líquido verdoso. “Y ya no necesito más”. Pregunto acerca de la supuestamente rigurosa persecución de la marihuana en Tailandia, y me contesta “Koh Lipe is not Thailand”. Le escucha atentamente un hombre que podría ser su padre, las espaldas todavía rectangulares y un tanga por bañador bajo la sombra de la implacable barriga cervecera. Está interesado en una mujer veinte años más joven, que viaja con su hijo de diez y le hace el caso justo para mantenerse en los atractivos de la duda.

Delante nuestro se sientan dos austriacas. Nos explican con naturalidad que llevaban varios días observándonos en la playa, y haciendo apuestas sobre quién éramos y qué hacíamos. Al parecer, había algo misterioso en nuestro comportamiento que las empujaba a fantasear. Quizá era simplemente una forma de matar el aburrimiento. Tienen veintitantos, no es la primera vez que viajan juntas. Stephanie, la más bajita, está interesadamente desinteresada en uno de los camareros del bar con que comenzaba esta historia. Andrea, la interesante, no está interesada en nada más que el contenido del batido. Como Chen, que lo probó ayer. Es una China poco habitual: extrovertida, bromista, inglés perfecto, proclive al contacto físico. Pasa largas temporadas en Koh Lipe, de tres o cuatro meses, que alterna con sus temporadas de trabajo en China. La conocen en toda la isla.

Tomamos los batidos, y hablamos de las cosas como si no tuvieran importancia. Lee, otra trabajadora del bar, empieza a dar vueltas a la mesa como si estuviera volando. Su borrachera ha derivado de la gracia a la molestia graciosa, y dificulta la conversación. Es el momento de dar por terminada nuestra última noche en Koh Lipe. De repente, Oh Jirawat se levanta y regresa con una gorra negra, el logo de Trash Hero bordado con hilo dorado. Alarga el brazo y me la coloca en la cabeza, dejando la mía sobre la mesa. Me mira a los ojos y dice sonriendo “same, same, but different”.

Ruta de evacuación en caso de Tsunami.

Ruta de evacuación en caso de Tsunami.

6 comentarios on Same, same, but different

  1. neus
    14 octubre, 2016 at 11:51 (11 meses ago)

    “Me mira a los ojos y dice sonriendo ‘same, same, but different’”. Igual que este texto: same, same, but different. Preciosos atardeceres, divinos, buenas lecturas y
    buceos… peces… amigos, gorras, same,same, but different. ¡Besos dobles!

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    • Pere Rovira
      14 octubre, 2016 at 15:44 (11 meses ago)

      ¡Así es la vida! Same, same, but different 🙂 Gracias!

      Responder
  2. Orioln
    9 octubre, 2016 at 21:49 (12 meses ago)

    Per a comportaments raros tenim els que fem escapades de varis mesos de les seves vides rutinàries. És diferencien força dels que només estan un parell de dies en un mateix lloc.

    Per algun motiu es troben tots quan estan pel sud-est asiàtic 🙂

    Responder
    • Pere Rovira
      14 octubre, 2016 at 15:43 (11 meses ago)

      Esperem que, a banda de trobar-nos, algun dia ens retrobem! 🙂

      Responder
      • Orioln
        18 octubre, 2016 at 21:17 (11 meses ago)

        Home, encantat de retrobar-nos.

        Que tal aquest finde al saló del caravaning?

        Responder
        • pere rovira
          19 octubre, 2016 at 10:20 (11 meses ago)

          Em referia a les diferents persones que anem trobant pel viatge, tú parlaves que es van trobant les persones pel sudest asiàtic, i jo comentava que estaria bé retrobar-les, també, però això ja serà més complicat. Aquest finde em temo que serem fora, però si al final ens quedem podria estar bé això del caravaning. Et diem si som per aquí.

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