Poetas, triciclos y limpiaorejas

La abuela limpia unas verduras en la mesa del rincón. La madre trabaja en la cocina, controlando las ollas y descuartizando un pollo. La nieta prepara dumplings en una mesa del comedor, mientras charla con una amiga que se ha acercado a comer algo. El biznieto corre entre las mesas mientras tararea la dichosa canción de moda en China.

Estamos en el restaurante de debajo de casa en Xian. Hemos bajado para comer algo antes de coger el tren hacia Chengdu. La sensación es parecida a entrar en casa de la familia, una casa que es su negocio, un negocio que es un comedor y una cocina. Familia, negocio, comedor y cocina son cuatro conceptos que en China a menudo conviven en un mismo espacio.

Colgado de la pared como un gran mural, el menú con caracteres rojos sobre fondo azul. Identifico uno de los caracteres: fideos. Pero enseguida me doy cuenta de que aparece en prácticamente todos los ítems del menú. Una foto en la pared de enfrente muestra un plato de dumplings, una especie de empanada hecha con pasta de harina y relleno de verduras, carne o marisco. Sacamos un tuper de la maleta y les pedimos que lo llenen de dumplings. En el carro de frutas de la acera de enfrente compramos dos naranjas y un mango. Si subimos al tren emanando olor a comida, ya somos un poco más chinos.

Una ciudad grande como Xian tiene Estación del Este y Estación del Oeste. En el billete te indican el nombre de la estación. Conviene, pues, saber en qué dirección se viaja, o bien aprenderse el carácter para “este” y “oeste”. Las estaciones están valladas, y para entrar hay que pasar un control policial, aunque sólo quieras comprar un billete.

El tren en sí es muy parecido a los que ya cogimos en Rusia, pero la salsa china lo hace mucho más divertido. Una mujer le grita a su marido mientras arrastran dos grandes maletas hasta su litera. Tres chicas con la cara enganchada al móvil, mirando una telenovela. Una mujer pasa con un gran cesto, vendiendo muslos de pollo. Otra mujer cuelga unas toallas y ropa interior de las barandillas: no ha tenido tiempo de secarla en casa. Los hombres suelen ser más silenciosos, estirados en su litera, mirando el techo. De vez en cuando sacan la cabeza para escupir al suelo, y vuelven a quedarse en silencio.

Hay dos lavabos por vagón, uno con agujero en el suelo y otro con taza. Ambos infectos incluso antes de que salga el tren. Es más higiénico utilizar el agujero en el suelo. A pesar de que no sea fácil mantener el equilibrio con el movimiento del tren, hay menos lugares donde puede posar la suciedad, y están más lejos. En el espacio entre vagones siempre hay alguien fumando.

Llegamos a Chengdu a las cinco de la mañana, todavía oscuro. Nos hacemos un autoretrato junto al reloj de la estación. Casi no hemos dormido, pero no parece importarnos. El cansancio es tan sólo un reflejo de lo que te espera. Nos sentamos en un restaurante hasta que abren la consigna para dejar el equipaje. La gente desayuna sopa de fideos.

Calle en Chengdu

Escena en una calle de Chengdu. Me maravilla la tranquilidad con que van sentados en el asiento trasero de la moto.

Amanece y nos dirigimos al parque central de la ciudad. Cuando no se tiene nada que hacer, lo mejor es acudir al parque de la ciudad. Ahí van los jubilados chinos, que tampoco tienen nada que hacer. En seguida nos sentimos muy a gusto. Por primera vez, no hay que visitar grandes palacios, grandes plazas, grandes murallas. Rodeados de jubilados y amas de casa pasando el rato en un parque, emerge una China que me gusta de verdad, porque existe ahora, y porque no tiene que demostrar nada.

Tranquilidad en los parques

Tranquilidad en los parques

En una de las avenidas del parque, un anciano dibuja caracteres chinos en el suelo. Utiliza un pincel y un cubo de agua, y va escribiendo poemas que al cabo de pocos minutos se evaporan. La gente se para a leer lo que escribe. Algunos hacen fotos. El poeta opera ajeno a la actividad alrededor suyo, concentrado en cada trazo. De vez en cuando toma distancia para ver la obra en conjunto.

Parecería que estamos admirando un arte chino ancestral. El poeta escribiendo poemas efímeros, pobre y asceta. Pincel, suelo y agua le bastan para elaborar su arte. Pero en realidad se trata de una moda reciente, que se originó en un parque de Beijing a principios de los años noventa. Se le conoce con el nombre de “dishu”. El carácter “di” significa cuadrado. En la cosmogonía china, el círculo es el cielo y el cuadrado la tierra. El carácter “shu” significa caligrafía. Así que “dishu” significa literalmente caligrafía sobre la tierra. Así lo explica François Chastenet, un sociólogo francés que ha elaborado un documental y un libro sobre el tema.

Artista de dishu

Practicando el arte del dishu, poesía efímera en el suelo

El dishu es la unión del graffiti y los valores tradicionales chinos. Temporal, no deja rastro, y requiere un equilibrio entre cuerpo y mente de claras reminiscencias zen. Como explica Chastenet, esta práctica caligráfica en la calle responde a la vez a una necesidad de socialización y a la búsqueda de la realización individual. Me parece un resumen perfecto de esa manera de ver la vida que todavía persiste en los parques de China, lugar de encuentro fundamentalmente de los ancianos. En los parques se practica taichi, se baila, se toca el violín, se practica el dishu, se juega a las damas. Actividades todas ellas sociales, pero con un alto componente de entrenamiento físico y mental, buscando la esencia en la simplicidad.

Poeta anciano

El poeta anciano todavía atrae las miradas

Leyendo sobre el dishu, he llegado a una noticia sobre Nicholas Hanna, un artista canadiense que ha inventado un triciclo capaz de escribir automáticamente dishu. Conectado a un ordenador, le indicas una frase en chino, y automáticamente la escribe en el suelo con agua y un pincel. El canadiense es feliz recorriendo los parques de las ciudades chinas, demostrando las maravillas de su triciclo mágico.

La noticia recoge la opinión de un escritor de dishu, que comenta: “Es muy interesante que un extranjero haya inventado este triciclo. Escribe larga vida al partido comunista, China es grande, etc. Es muy interesante e innovador. Este extranjero muestra su creatividad en China. Me gusta mucho”. También recoge la opinión de una chica que pasa por el lugar: “Este extranjero ha recorrido miles de kilómetros para llegar a China. En primer lugar, creo que debe tener un profundo conocimiento de la cultura china. En segundo lugar, debe tener una buena comprensión de los caracteres chinos. Así es como ha podido inventar esta máquina de tecnología punta”.

La referencia al extranjero es un tema recurrente en China. El extranjero es a menudo un ser remoto. A los primeros blancos que llegaron a China se les llamaba “gweilo”, algo así como “hombre fantasma” (la palabra “fantasma” suele tener connotaciones negativas). El término se sigue utilizando, y según con quién hables te dirá que es peyorativo o algo ya normalizado. Mi ex suegra, china, me llamaba así.

Seguimos caminando hasta llegar al recinto de las “tea house”, literalmente “casas de té”. Son lugares a los que se va a pasar el rato, como en los cafés de antaño. Prácticamente todas las mesas, unas 50, están ocupadas. La gente bebe té, juega al majong, y come pipas. El suelo, una alfombra de cáscaras, da buena fe de ello. Cada mesa tiene un termo con agua caliente, para que vayas rellenando tu vaso de té. El té chino, a diferencia del occidental, se puede infusionar varias veces. Así que pidiendo un único té puedes pasar horas bebiendo en la terraza, bajo pagodas de imitación que dan el pego y contribuyen a la sensación de sosiego y pereza contemplativa.

Paseando entre las mesas, unos hombres con una linterna acoplada en su cabeza y una especie de pinzas con punta de algodón sobresaliendo de los bolsillos de sus batas blancas. Pasean y repiten un soniquete de vendedor ambulante. De pronto, una chica llama a uno de ellos. Hablan un par de minutos, tras lo cuál comienza el ritual. El hombre se coloca la luz en la frente, y golpea una pinza contra la otra para que vibren, cuál diapasón. Entonces comienza a explorar la oreja de la chica, que ha inclinado la cabeza convenientemente. Y así, sin más, va limpiando la oreja de la chica con suma concentración, como los poetas pintan los poemas en el suelo.

Sentado en la misma mesa, el marido de la chica lee las noticias en su teléfono móvil y de vez en cuando echa un vistazo a su hijo, que duerme en el carrito.

Limpiaorejas en acción

El limpiaroejas en acción en una casa de té de Chengdu

12 comentarios on Poetas, triciclos y limpiaorejas

  1. cormac
    12 enero, 2016 at 22:43 (2 años ago)

    quines aventures!! només algunes entrades he pogut llegir, sort que podeu dexifrar algunes lletres. sembla que el barem de la higiene força diferent al nostre; els trajectes en tren i lavabos és genial:).Les terrasses d’àrròs recorden les terrasses seques de l’empordà de fa temps,què segueixin aquestes bones aventures!! abraçada

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    • pere rovira
      30 enero, 2016 at 01:31 (2 años ago)

      Moltes gràcies per passar-te i comentar, Cormac. Ens fa molta il.lusió rebre els vostres comentaris. Aviat tornarem a ser per Barcelona, així que podrem parlar en directe de les “aventures” 🙂 Salut i abraçades!

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      • cormac
        24 febrero, 2016 at 21:37 (2 años ago)

        🙂 salut i abraçades!

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      • cormac
        24 febrero, 2016 at 21:42 (2 años ago)

        si, ens veiem aviat, 🙂 salut i abraçades!

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  2. Oriol
    2 enero, 2016 at 21:53 (2 años ago)

    Quin desperdissiu de talent i de oportunitats de negoci si en comptes de pintar grafitis al terra amb aigua ho fessin al centre i amb algo per poder-ho vendre i emportar-se. Allà són molt contemplatius, pacients, és deixen portar.

    Al bar les escenes les recordo més en grup, socials, sorolloses i brutes també, però no com aquí que molts estem connectats al mòbil malgrat que tinguem algú davant.

    Molt bona l’escena del netejador d’orelles professional i que sap seguir els rituals encestrals.

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    • Pere Rovira
      7 enero, 2016 at 19:23 (2 años ago)

      Hi ha dues generacions molt diferents a la Xina: els vells i la resta. Mentre que la gent gran vaig veure que és molt social i contemplativa, com comentes, la resta sol tenir els mateixos vicis que a tot arreu, i potser més exagerats. Els mòvils són omnipresents, jo diria que es fan servir molt més que a Europa… En fi, el proper cop que hi torni, em faré netejar les orelles 🙂

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  3. Francisca
    27 diciembre, 2015 at 11:45 (2 años ago)

    Segueixo els vostres viatges i m’agrada molt el vostre blog. Abraçades als dos!

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    • Pere Rovira
      28 diciembre, 2015 at 17:24 (2 años ago)

      Quina alegria rebre el teu comentari, àvia! Ens alegra molt que ens segueixis, i encara ens alegrarà més explicar-te el viatge en directe quan tornem. Una abraçada ben gran!

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  4. Laura
    24 diciembre, 2015 at 10:59 (2 años ago)

    Está claro que desayunar fideos y mear de pie es lo que hace que la esperanza de vida en China esté in crescendo 😉 Se que son dos sociedades hiperdistintas pero lo que comentais de los parques como epicentro de ancianos ociosos me recuerda mucho a Buenos Aires, supongo que es común en las macrociudades super pobladas. Recuerdo las reuniones de voluntarios que atendían a los ancianos en los parques.. pero tiene pinta de que los ancianos chinos son más que autosuficientes.. la importancia que dan al equilibrio entre cuerpo y mente les mantiene hiper estimulados parece! Por aquí os seguimos siguiendo 😉 Abrazos!

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    • Pere Rovira
      28 diciembre, 2015 at 17:25 (2 años ago)

      Pues ahora tendremos que llegar a Buenos Aires 🙂 Los viejos chinos son lo mejor de China 🙂 Yo de mayor quiero ser como ellos, bueno, incluso ya ahora. Un placer saber que nos sigues siguiendo, abrazos Laurita!

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  5. Neus
    20 diciembre, 2015 at 13:46 (2 años ago)

    Otro mundo, pero el parque muy cercano, el sosiego, los mayores, las mujeres, el arte, la esencia en la simplicidad, guau!! Un lema de vida!!
    Gran China, ahora también me gusta un poco más. Muchos besos!!!

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    • Pere Rovira
      28 diciembre, 2015 at 17:26 (2 años ago)

      China es un gran país, en todos los sentidos 🙂 Besos!

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