Nostalgias

Buscando información en internet sobre Cobargo, encuentro esta noticia de Mayo de 2015 en el periódico local Bega News: “La familia O’Meara de Cobargo da la bienvenida a su noveno hijo: ¡es un niño!”. El matrimonio ha conseguido por fin dar luz a un varón, después de concebir a ocho hermanas.

Pero la espera ha merecido la pena: el diario explica que el niño ha nacido sólo un día después de que el Principe William y Catherine se convirtieran en padres de la nueva princesa de Inglaterra. Al parecer, es un buen augurio para el recién nacido, que llevará los nombres de su abuelo y de su padre.

Los O’Meara tienen una granja para la producción de leche, cuyo origen se remonta a cinco generaciones atrás. Educan a los niños en casa, como sucede con otros 10,000 niños en Australia, donde el “homeschooling” (educación en casa) es legal. Algunas familias lo deciden así para poderles enseñar a sus hijos que el hombre fue creado por Dios y Darwin estaba equivocado. Otras, porque lo consideran un sistema más adecuado para potenciar las habilidades de cada niño, o simplemente porque la escuela queda muy lejos, algo habitual en un país tan grande. Sea como sea, no tienen obligación alguna de justificar su elección ante el estado, del mismo modo que tampoco tienen que dar cuentas a nadie de cómo gestionan su granja.

La familia que nos acoge en Cobargo también educó a su hija en casa (o mejor dicho, en el pueblo, con la colaboración de otras familias) hasta que cumplió los 12 años. “Entonces decidimos que ya no teníamos los conocimientos y el tiempo suficiente para darle una buena educación, y la matriculamos en el instituto. No le fue fácil adaptarse. No entendía por qué le ponían un límite temporal para hacer las tareas, de hecho nunca terminaba a tiempo. Estaba acostumbrada a pasarse todo el día, o varios, haciendo un dibujo o una redacción. Pero ahora ya ha comprendido que a veces es necesario trabajar con un límite de tiempo, y no tiene ningún problema”.

Todo esto nos lo cuenta la madre bajo la mirada algo escéptica de Dave, al que no creo que le guste mucho ni el instituto ni las prisas. No en vano, dedicó 3 años de su vida a construir su propio velero, desde cero, sin partir de ningún conocimiento. Un día decidió que quería un barco, y como no tenía ni de lejos el dinero suficiente, decidió hacérselo él mismo. Compró las maderas, las piezas, los barnices, las telas, las cuerdas,… y se puso manos a la obra. “El primer día que salimos a navegar estaba muy nervioso. No podía funcionar, el barco se hundiría. No se lo había dicho a nadie, pero me había inventado gran parte del diseño, porque muchas de las cosas que leía en los manuales no me cuadraban, o no las entendía. No tengo ni idea de todo esto. Pero el caso es que, excepto algunos pequeños retoques, el barco funcionó perfectamente desde el principio. No lo cambiaría por ningún otro, porque lo he hecho yo, y porque no quiero volver a pasar por el mismo calvario”.

Terminamos el desayuno y nos vamos con Dave el autodidacta a Bega, para visitar la fábrica de queso. Hoy le tendremos todo el día como guía, porque está en el paro y no tiene prisa por encontrar trabajo, o no sabe qué trabajo encontrar. Tal y como nos temíamos, la fabrica no tiene nada de especial, como mínimo para nosotros, que estamos acostumbrados a encontrar en el mercado de debajo de casa decenas de variedades exquisitas. Decidimos hacer una pequeña excursión hasta lo alto de una colina a las afueras del pueblo. Al llegar arriba, nos encontramos con el cementerio, y con una vista impresionante de la zona. “Los cementerios siempre están en los mejores lugares”, nos comenta Dave. “Y sin embargo nadie quiere acabar en uno”, le respondo.

Regresamos al pueblo por otro camino. Entramos a comer en un pub local, donde varios hombres beben en la terraza, esperando una hamburguesa con patatas para saciar su mono de calorías. Pedimos tres cervezas y tres hamburguesas, y charlamos para entretener la espera. “Hasta no hace mucho, los sindicatos eran muy fuertes. La mayor parte de la gente amaba su trabajo, porque no tenía miedo de perder su empleo, y porque la jornada laboral era más amable. Por ejemplo, los obreros organizaban su día en torno al concepto “smoko”. Se entraba a trabajar a las ocho. A las diez se paraba media hora para hacer un “smoko”, es decir, una pausa para fumar y charlar un rato. La jornada continuaba hasta las doce, y luego pausa para comer hasta la una. Se trabajaba dos horas más hasta las tres. Entonces volvíamos a hacer un smoko, y a continuación el último sprint laboral hasta las cinco, hora de regresar a casa. Así daba gusto, no te enterabas y la jornada laboral había pasado. Y tenías tiempo para interactuar con tus compañeros de trabajo, que se convertían en tus amigos.”

La manera en que Dave describe el pasado reciente de Australia coincide con el retrato que hacen del país un par de libros que estoy leyendo. Evocan con cierta nostalgia un sistema social que mezclaba lo mejor de Estados Unidos (emprendimiento, libertad, innovación) y los países escandinavos (seguridad, igualdad, proteccionismo). Este ideal socialdemócrata incluso tuvo el valor de reconocer a los aborígenes, que en los años sesenta se ganaron el derecho a ser ciudadanos de su propio país, y acceder a la seguridad social.

Sea como sea, la antaño modélica socialdemocracia se ha ido degradando poco a poco, principalmente debido a unos políticos ineptos y corruptos que han vivido de las rentas que otorga la abundancia de recursos naturales del país, y una sociedad acomodada. Incluso hay serias señales de alarma respecto al rendimiento académico de las nuevas generaciones. Por ejemplo, un adolescente australiano de 15 años está, de media, dos años atrás respecto al nivel en matemáticas de un adolescente de Singapur o de Hong Kong, y un año atrás en comprensión lectora. Quizá por ello las universidades australianas han puesto su foco en la captación de estudiantes asiáticos. Quizá por ello Australia exporta mayoritariamente materias primas, y se la conoce despectivamente como “la cantera de China”. Quien iba a decírselo al Imperio Británico. A veces la historia tiene sentido del humor. O de la venganza. O simplemente, se comporta como un péndulo.

Terminamos nuestras hamburguesas y pagamos la cuenta. Dave charla con un par de personas en el pub. Otro se le acerca, le saluda familiarmente y le ofrece un trabajo. Viste como un cowboy de las películas del oeste, pero tiene acento australiano y teléfono móvil. “Es una buena oportunidad, piénsatelo”. Nuestro amigo asiente con la cabeza, pero ya lo tiene decidido. De camino a casa, Dave detiene el coche junto a una galería de arte a un lado de la carretera. “Debe ser nueva, nunca la había visto”. Está especializada en pintura aborigen, que en los últimos años es de lo más buscado en el mercado de arte moderno australiano. Dave charla con la encargada, que le informa de la fiesta que está preparando para inaugurar el lugar oficialmente. Cris se compra una funda para las gafas decorada con motivos tribales. Dave y la encargada se despiden con alabanzas y buenos deseos. Tengo la sensación que este encuentro ha servido básicamente para cotillear. Muy de pueblo, muy humano.

Por la noche preparamos nosotros la cena. Tenemos a nuestra disposición una cocina magnífica, con toda clase de utensilios, y mucho espacio, como es norma en este país. Todo en la casa es grande, pero sobre todo muy agradable. La calidez y la comodidad priman sobre el diseño y la tecnología. Esta familia tiene una casa con jardín y un garaje donde guardan un barco, pero sus teléfonos móviles son anticuados, no tienen ordenador portátil y el internet va lento.

Vienen como invitados los padres de Dave, que como cabría esperar son encantadores. La madre ha preparado un pan, y el padre ha comprado una botella de vino. No sé si les interesan más las anécdotas de nuestro viaje, o las novedades de su nieta en el instituto. Sea como sea, charlamos de todo y de nada, y a las nueve se termina la fiesta que marca nuestra última velada en casa de la familia.

Por la mañana hacemos las maletas y procuramos dejarlo todo como estaba cuando llegamos. Nos hacemos un selfie con Dave y Deborah. Creo que no están pasando por su mejor momento. Tampoco tenemos nada en común que nos una especialmente. Sin embargo, no podían habernos tratado mejor durante los últimos cinco días. Nos han llevado a pescar, a nadar con focas, a navegar por el lago, a pasear por el bosque, a comer helado. Nos han presentado a la gente de su pueblo, a sus amigos, a su familia. Nos han explicado todo lo que saben sobre su país, con sus palabras y con su manera de comportarse. Cada día han cocinado sus platos favoritos para nosotros. Cada mañana había yogur, cereales, fruta y café en la mesa de la cocina, porque saben que forma parte de nuestra rutina matinal.

Antes de subir al coche y perderlos de vista por el retrovisor, les pido que se pongan frente a su casa, y les hago una foto a ellos dos solos. Sonríen para nosotros una vez más. Alrededor, el decorado de su vida. El porche de madera con la mecedora y los utensilios de pesca. Los móviles colgando del techo, para espantar a los malos espíritus. El jardín exuberante de violetas, margaritas y hortensias. El césped verde. La puerta del garaje protegiendo el barco. La colchoneta en la que todavía juega su hija preadolescente. El huerto orgánico. El cielo azul, el aire puro, el hilo musical de los pájaros. Ella viste una falda ancha que le llega hasta los pies descalzos, y una camiseta oscura tocada por un colgante naranja. Él unos tejanos, una camiseta y zapatillas de andar por casa. El cuerpo y la pose de dos veinteañeros, la cara de dos cuarentones. Vuelvo a mirar la foto unos meses más tarde, y por algún motivo sólo me fijo en que ambos se cogen de la cintura. Espero que les vaya bien.

2 comentarios on Nostalgias

  1. Orioln
    15 abril, 2017 at 21:06 (3 meses ago)

    Viajar amb temps limitat també és bo. Paradoxalment, quan més temps tens, menys coses fas o visites. Jo fa molts anys que no vaig a la sagrada família, i estar massa temps de vacances en un lloc és símptoma de ‘fer el vago’, voluntàriament.

    Com us aneu trobant aquestes famílies? Airbnb o casualitats de deixar-se portar? Us agafaven pq expliquessiu les vostres aventures? Publiqueu algún post d’alguna Família aburridota o normalota, que feu venir envejaaa :p

    Quines històries d’Austràlia, con es que a Escandinàvia no tenen corrupció política ni educació deteriorada malgrat estar molt acomodats?? Será la cultura? Quina? La cultura de vetllar per la comunitat i per les properes generacions?

    Per cert, quan temps portes publicant per aquí el vostre viatge? 🙂

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  2. neus
    13 abril, 2017 at 11:28 (3 meses ago)

    Sí, les irá bien. Se cogen de la cintura,han sido amables y respetuosos con vosotros, tienen una hija muy inteligente (creo que aparece en otro post), se llevan bien con la familia ( o eso parece) y cada uno de ellos busca en sus aficiones o en su trabajo una forma de sobrevivir… ¡Buena foto! ¡ Buen texto! ¡Muchos besos, dobles!.

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