Intertítulos

Al cabo de un año de casarse con Huyet, Cay luchó en la Tercera Guerra de Indochina, y perdió el brazo izquierdo. Treinta años más tarde, vive con su mujer, su madre, su hijo y la nuera en la única casa con televisión del pueblo que los vió nacer a todos: Thon Tha.

A veinte minutos a pie de la casa, cultiva maíz en un terreno de dos mil metros cuadrados. Varios pollos, dos cerdos, un buey, una balsa con peces, una moto y una nevera completan su patrimonio. Es el médico tradicional del pueblo, y está aprendiendo inglés. Junto a otros habitantes de Thon Tha, liderados por una chica de veintidós años de Hanoi de la que hablaremos en otra ocasión, fundó una cooperativa de turismo responsable. Esperan conseguir ingresos adicionales que ayuden a preservar la cultura y las tradiciones de esta comunidad de 90 casas y 500 habitantes. Nosotros somos los terceros clientes que se alojan en su casa.

Una tarde, cuando se levanta de la siesta para ir a trabajar, decido seguirle. Sus zapatos de carne, desproporcionadamente anchos, dirigen con seguridad un cuerpo fibrado y compacto de metro sesenta de altura. A partir de un saco de arroz, se ha hecho una bolsa que lleva colgada en bandolera, donde guarda el machete, una botella de agua congelada y el tabaco. Siempre viste el mismo polo azul con rayas negras, y unos pantalones grises arremangados por encima de la rodilla. Suele llevar un palillo entre los labios. Con una vara marca el paso, y golpea a su buey cuando se desvía del camino.

Bajamos hacia los campos de arroz, y siguiendo un riachuelo llegamos a una piscina natural, donde bañamos al buey. Yo llevo puestas mis chirucas, y no me atrevo a cruzar saltando por las piedras. Me descalzo, y camino pasando junto a los bueyes, pisando la arena fría, temeroso, con el agua haciéndome cosquillas en las rodillas. Al llegar al otro lado me quedo plantado junto a Cay, que se ríe y me da un cigarrillo. Nuestra relación es de cine mudo sin intertítulos.

Piscina natural

Bañamos a los bueyes en la piscina natural que forma el río

Cay corta una rama de palmera con el machete, y me la entrega para que la lleve al hombro. Nos internamos por unos campos de maíz, y llegamos hasta su terreno, donde Huyet le espera. Es una mujer guapísima que le saca casi un palmo. Luce un torrente de luz negra que desemboca en la cintura. Esconde su cuerpo atlético bajo una camisa que le llega hasta las rodillas. Las uñas mugrientas y estropeadas de las manos y los pies contrastan con su mirada lisa, limpia, atemporal.

Cay me arrebata la palmera y la clava en el suelo, y me indica que me coloque donde da sombra. A mi lado, un montón de mazorcas. Me enseñan cómo pelarlas, y a ello nos ponemos los tres. Son las dos y media.

Pelando maíz

Cada uno con su gorro, pelando maíz y hablando poco.

A las cinco y media, terminamos de pelar la última mazorca del montón. Me pican las piernas y me duelen las manos. Tengo los pies mojados y los zapatos esculpidos en barro. Pero fumo satisfecho con Cay: hemos terminado el trabajo. De repente, se levanta, coge el machete, y se dirige hacia a las plantas de maíz. Vacía las mazorcas de una planta, y con el pie la aplasta para distinguirla de entre las que le faltan. Me levanto y hago el gesto de ir a ayudarle. Me dice que me quede donde esté, es peligroso, hay serpientes. En pocos minutos, llena dos cestos de mazorcas, y los vacía junto a nosotros, para que sigamos pelando. A las seis y media, damos por terminada la jornada y volvemos a casa.

Limpiando maíz

Vista desde la oficina

Cruzamos el río y llegamos a la carretera asfaltada, 500 metros de progreso antes del camino de tierra que llega hasta el pueblo. Me mantengo detrás de Cay, Huyet y otros campesinos que también regresan del campo con sus bueyes.

Carretera de Vietnam

En la carretera confluyen las diferentes economías del norte de Vietnam

Pasa una moto tocando la bocina en contradirección. Un todo terreno Audi esquiva a un animal errante. En un mismo plano, generaciones y modos de vida totalmente distintos. Los dividendos de la construcción esquivan al buey de los dividendos del maíz, mientras mis dividendos hacen fotos. En la carretera coincidimos. Después cada uno gira hacia su mundo, y seguimos como si no tuviéramos que entendernos.

6 comentarios on Intertítulos

  1. Susan
    27 abril, 2016 at 14:14 (2 años ago)

    Gracias por Su blog, sigo leyendo desde diciembre y me pone Feliz.
    Susan de San Francisco(Amiga de Hugo)

    Responder
    • pere rovira
      28 abril, 2016 at 18:46 (2 años ago)

      Muchas gracias Susan! Nos encanta saber que nos sigues. Un abrazo para ti y para San Francisco! 🙂

      Responder
  2. Neus
    27 abril, 2016 at 12:27 (2 años ago)

    Me gusta Cay, sabe lo que ha de hacer, baña a los bueyes, recoge mazorcas, ofrece una hoja para que haya sombra, un cigarrillo. Su esposa también me gusta. Un micromundo de este mundo tan grande. El título estupendo, no hace falta hablar, también el discurrir de la narración. ¡Besos dobles!

    Responder
    • pere rovira
      28 abril, 2016 at 18:48 (2 años ago)

      Muchas gracias! Un buen tipo Cay, muy buen tipo. Y su familia también. Esperemos que su micromundo siga siendo posible en el futuro…

      Responder
  3. Orioln
    26 abril, 2016 at 21:27 (2 años ago)

    Molt bona la observació final de ‘En la carretera coincidimos. Después cada uno gira hacia su mundo, y seguimos como si no tuviéramos que entendernos.’ ,,,

    A la carretera, al carrer, al veïnat, a la ciutat, al País, al planeta… I sovint també passa a empreses i famílies.

    Cadascú viu en un nivell diferent, i a no ser que les circumstàncies provoquin coincidències, cadascú va a la seva.

    Cada personatge és un món, una història, un aprenentatge, una experiència, una vida diferent. Però tots coincidint en les 3 dimensions alhora.

    No sóc capaç de jutjar si el camperol, el del Audí o el turista son els bons o dolents de la película. afortunats o desgraciats, culpables o víctimes O si algú han arribat a aconseguir la punta e la piràmide de Maslow.

    Suposo que tot dependrà de amb quins ulls ho miris, o segons les experiències del observador que hagi viscut (moltes d’elles gràcies als viatges).

    Disfruteu!!

    Responder
    • pere rovira
      28 abril, 2016 at 20:12 (2 años ago)

      gràcies Oriol pels teus comentaris generosos!

      Responder

Deja un comentario y nos harás felices