Horizontes

Matthew John Gibbons llegó a Sydney el 26 de Junio de 1790, tras seis meses de viaje a bordo del barco Surprize, procedente de Inglaterra. Cumplía su castigo por haber robado medio kilo de té. Le acompañaban otros mil convictos, condenados por delitos similares. Así es como el Imperio Británico solía poblar sus colonias: desterrando a los criminales menores. La pena de muerte era un correctivo excesivo, y la cárcel un gasto.

Los convictos que se portaban bien conseguían su libertad, e incluso se les entregaban en propiedad las tierras usurpadas a los habitantes originales de las colonias. Según afirma su obituario, Matthew John Gibbons fue un buen cristiano que contribuyó en gran medida al desarrollo del espíritu comunitario en Australia. Quizá por ello el Imperio le entregó en 1824 mil hectáreas con vistas al mar de Tasmania, en las que Gibbons puso en marcha la granja de Stanwell Park. En la actualidad, es un pueblo de dos mil habitantes a una hora de Sydney, en donde residen mayoritariamente multimillonarios, y en donde realizamos la primera parada para tomar un café. Tenemos diez días por delante para recorrer con un coche alquilado la distancia entre Sydney y Melbourne.

En el pueblo no hemos visto ninguna mención a los Wadi-Wadi, los aborígenes que habitaron originalmente Stanwell Park. No sabemos cómo le llamaban al lugar, porque su lengua ya no la habla nadie. Tampoco sabemos si existen herederos legítimos, porque en las sociedades aborígenes no existía la propiedad. Por eso hay varias disputas legales, todavía hoy, sobre los derechos de la tierra en gran parte de Australia.

Antes de llegar a la playa, unos carteles en una caseta nos informan de que aquí es donde en 1894 el masón Lawrence Hargrave consiguió elevarse cinco metros sobre el suelo con un sistema de cometas rectangulares diseñado y fabricado por él mismo. Aunque hoy en día se le considera un pionero de la aviación, nadie le prestó mucha atención en su época. Murió a los 65 años de edad, tras las complicaciones surgidas a raíz de una operación de apendicitis. Está enterrado en el cementerio de Waverley. Durante treinta años su cara apareció en el billete de veinte dólares australianos. Le da nombre a una cátedra de ingeniería aeronáutica en la Universidad de Sydney, y al quinto Airbus A380 que adquirió la aerolínea Quantas.

Atravesamos una considerable extensión de césped, y llegamos a la arena dorada. Como en gran parte de la costa australiana, no es aconsejable bañarse. Suele haber mucho oleaje, y corrientes que desafían al nadador más experimentado. Por este motivo, en muchas playas podemos encontrar plácidas lagunas apartadas del mar abierto, en las que uno puede relajarse en el agua. Admiramos la belleza salvaje del lugar mientras apuramos el café con leche. De repente, Cristina echa a correr y comienza a hacer la rueda sobre la arena. Está feliz y llena de energía, como la primera cafeína del día. A través de las olas parecen llegar los gritos de rabia del olvido. ¿Qué debieron pensar los aborígenes que vieron los primeros barcos ingleses en el horizonte?

De Sydney a Jarvis Bay

La vista es preciosa desde el coche, y decidimos parar en una especie de mirador.

Volvemos a la carretera. De momento, conducir por el otro lado está siendo bastante más fácil de lo que esperábamos. El truco está en que piloto y copiloto se ayuden mútuamente, logrando multiplicar los sentidos del piloto y así compensar la falta de costumbre circulando con el volante a la derecha. [Diez días más tarde, cojo el coche sólo por primera vez. A los tres minutos tomo una calle contra dirección, varios coches me esquivan y me pitan. Quizá el truco es simplemente que conduzca Cris, y yo crea que la ayudo.]

La vista es preciosa desde el coche, y decidimos parar en una especie de mirador. El paisaje es muy verde, la hierba crece hasta pocos metros de la playa, y en la mayor parte de los terrenos circundantes. El mar es hoy turquesa, dulce. Junto al parking para los coches hay un pequeño prado alrededor de la estátua de un barco con velas hechas de plumas de pájaro. Está erigida en honor de Michael Dwyer, un profesor, activista y líder sindicalista de la zona. Murió en 2001 a los 52 años de edad, víctima de una larga enfermedad. Todo esto lo leo en un cartel en el que también hay una foto de Michael sonriendo.

Escultura a Michael Dwyer

Escultura a Michael Dwyer. Profesor, activista y líder sindicalista.

Pasamos varias bahías, varias playas desiertas larguísimas, varios pueblos de unas pocas casas. La mayor parte del tiempo no hay conexión telefónica, y las gasolineras no abundan. Me cuesta pensar en una carretera de la costa más plácida y con mejores vistas que esta. Casi sin darnos cuenta, llegamos a la penúltima parada del día, el pueblo de Kiama.

Es la típica localidad de la costa australiana, sin nada en especial a parte de playas y entornos naturales excepcionales. Para hacerme una idea de la vida social en este lugar, me detengo para repasar las actividades colgadas en un tablón de anuncios de una tienda. Aquí tenéis la lista para el mes de Octubre:

  • comida de 50$ en el club marítimo, para ver la Melbourne Cup (una carrera de caballos)
  • noche de trivial en la bolera
  • fiesta anual de la residencia de la tercera edad, de 8,30 a 12 del mediodía, con rifas, subastas, comida, mercadillo, té, barbacoa y “todo el parking del mundo al lado”
  • concierto acústico en directo a las dos del mediodía en el Blue Diamond Bar
  • comida de navidad por 145$, de 12 a 3 en el restaurante del puerto, con bufé de mariscos, ensaladas y postres
  • festival de coros infantiles, el domingo de 2 a 5
  • exposición de “servicios de emergencia” (¿¿??), el sábado de 8 a 3
  • exposición de cuadros en la bolera, en beneficio de la Cruz Roja, sábado y domingo de 10 a 4
  • festival de rosas de la primavera, junto al ayuntamiento, sábado de 12 a 5 y domingo de 9 a 2
  • exhibición de coches y motocicletas de época, con premios, música en directo y actividades para los niños, el domingo todo el día junto a la playa, entradas a 25$

A falta de un par de horas para que anochezca, llegamos a Jarvis Bay. Hemos alquilado una habitación en la casa de Andrew y Mhairi, una pareja de profesores jubilados. Él nos propone ir con su coche a ver canguros, y aceptamos encantados. Ya podremos tachar “ver canguro” de la lista de cosas típicas que hacer en Australia. Y de qué manera, porque vemos cientos de ellos. Andrew nos explica varias cosas sobre el animal, pero las he olvidado. Después vamos a una playa cercana, y se nos une Mhairi. Caminamos durante una hora al compás de la orilla. Nos explican que el sol sale por el mar, y a veces se ve a los delfines acariciando las aguas de la bahía.

Canguros en Australia

Ya podremos tachar “ver canguro” de la lista de cosas típicas que hacer en Australia.

Para cenar, preparamos una barbacoa en el jardín de la casa. Está en una urbanización junto a la playa, muy verde y muy tranquila. Un edificio de una planta, minimalista pero con mucha personalidad. Diseñada por un gran arquitecto, nos aseguran. Nos sentamos a comer en la mesa junto a la cocina. Escuchamos jazz. Andrew y Mhairi nos explican que solían vivir en Sydney. Pero desde hace unos cuantos años pasan séis meses en esta casa, y séis meses en un barco en Paris. Viven dos primaveras cada año. Después del postre, mientras hablan con su hijo por skype, aprovechamos para recoger la mesa, y nos vamos a dormir.

El despertador nos avisa a tiempo para ver el amanecer desde la playa. Somos los únicos cuando llegamos a la orilla con los pies descalzos. El sol asoma por el horizonte con su calva ardiente. Durante varios minutos admiramos la trayectoria lenta, sin tocarnos y sin decirnos nada. Caminamos hasta el final de la playa. Justo antes de dar media vuelta, vemos el lomo intermitente de una pareja de delfines cruzando la bahía.

Amanecer en Jarvis Bay

El despertador nos avisa a tiempo para ver el amanecer desde la playa.

5 comentarios on Horizontes

  1. Oriol
    2 marzo, 2017 at 18:12 (9 meses ago)

    Amb quina facilitat sembla que tenxufis a una barbacoa d’un desconegut que té una granja de cangurs!! Ben fet!! 🙂

    Salvatges, solitaris, abandonats? a la seva olla? Quina Australia amb ganes d’oblidar o ignorar el seu passat. Parricida? Els seus llibres d’història deuen començar amb l’arribada dels anglesos?

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    • Pere Rovira
      14 marzo, 2017 at 09:09 (8 meses ago)

      Són bones preguntes… en molts casos així és, la seva història, els seus avantpassats, són els anglesos. No vaig tenir la oportunitat de xerrar amb cap nadiu, “aborigen” com diuen. Suposo que és complicat fer-se la idea de qui ets, quan hi ha un passat tan proper, i tan sanguinari…

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  2. neus
    28 febrero, 2017 at 12:29 (9 meses ago)

    Yessssss!!!!Toujours!!!

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  3. Neus
    2 enero, 2017 at 14:29 (11 meses ago)

    ¡Precioso! Gran país, poblado de “criminales menores” como el que citas al principio. Tierras de aborígenes exterminados por los criminales mayores. Aborígenes sin leyes de propiedad, similares en su trato a ese memorable pasaje de Cervantes en el que nos habla de ese tiempo dorado “en el que no existían las palabras tuyo y mío”… Bendita lectura. Aparte de esto, qué felicidad transmite esta entrega, la alegría de Cris haciendo la rueda sobre la playa, qué magnífica bailarina, qué gran conductora, además… ( gracias, Cris, menos mal;-); la belleza del lugar, el verde que acaricia el azul turquesa “dulce”. Los canguros, como niños traviesos, la salida del sol con “su calva ardiente” y ese lomo ondulante de los delfines. No me extraña que le haya gustado a tu abuela, a l,avia, a la yaya, tu otra abuela, también le hubiera maravillado.

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    • Pere
      21 febrero, 2017 at 06:48 (9 meses ago)

      ¡Gracias! No podía faltar la cita a Cervantes y a las abuelas 🙂

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