Graduaciones

Nos encontramos a John en la cocina. Entre incrédulo y risueño, nos cuenta lo siguiente: “Esta mañana he salido al jardín a recoger la ropa tendida, y he notado una peste terrible. Siguiendo el rastro, he llegado a una bolsa con pollo podrido.

Entonces ha aparecido el hombre chino y sin decir nada ha cogido la bolsa y la ha llevado hasta el coche, para guardarla en el maletero. Al mediodía su mujer se ha enterado. Lo ha cosido a gritos. Al parecer, hoy es la ceremonia de graduación de su hijo. Van a llegar con un coche que huele a podrido.”

La peste china nos acompaña hasta en Australia, debe pensar la mujer.

Salimos en busca de una barbería, un ritual que se repite cada dos o tres meses de viaje. Procuramos seleccionar un lugar con carácter, y Cris me hace una foto mientras me cortan el pelo y me afeitan. Esta vez acabamos en un local decorado con fotos de personalidades de raza negra: Martin Luther King, Barack Obama, Nat King Cole, Chuck Berry.

barbería en sydney

Encontrar barberías con personalidad es uno de los divertimentos del viaje.

Detrás de la caja registradora, colgado en lo alto, preside la sala el poster con la icónica imagen de los juegos olímpicos de 1968: los atletas afroamericanos Tommie Smith y John Carlos en el podio, con la cabeza baja y el puño levantado. El tercer medallista, el blanquísimo australiano Peter Norman, luce en su chaqueta un emblema de la OPHR, una organización contra el racismo. Los tres corredores protestaban contra la segregación racial en Estados Unidos y el Apartheid en Sudáfrica. El Comité Olímpico Internacional, presidido por la misma persona que en 1936 no tuvo ningún problema con los saludos nazis de los atletas alemanes, decidió expulsarlos de los juegos.

De vuelta en su país, fueron apartados del deporte y señalados como traidores por haber bajado la cabeza ante el himno nacional. En los juegos olímpicos de Sydney del 2000, Peter Norman no fue invitado a la ceremonia. El comité responsable argumentó “no tener presupuesto para traer a todos los atletas olímpicos del país”. En el 2012, seis años después de la muerte de Norman, el gobierno australiano emitió una declaración institucional en la que pide perdón y reconoce -sin unanimidad- haberle apartado sin motivos del deporte olímpico nacional, probablemente arruinando su carrera en la élite del atletismo mundial. Recientemente, en el barrio de Newtown, el ayuntamiento de Sydney ha protegido un mural que retrata la famosa escena de 1968. Dicen que poco antes de morir, Peter Norman se hizo una foto junto a este mural, pintado por un artista anónimo en la fachada de una casa privada. El único homenaje que recibió en vida.

El reputado periodista John Pilger sostiene que en Australia el apartheid sigue muy vivo. En la ciudad de Wilcannia, a 900 kilómetros de la capital del país, la esperanza de vida de los aborígenes es de 40 años, diez menos que en el país más pobre del mundo.

mural con la foto

El mural con la icónica imagen. La foto la he sacado de aquí.

Los peluqueros activistas me cortan el pelo bastante mal, pero yo salgo feliz del lugar, con mi foto y mi historia. Nos disponemos a visitar la embajada de Estados Unidos (EEUU), para obtener un visado de entrada al país. Pedimos cita hace un mes. El caso es que entraremos a EEUU en un barco carguero, y por ello nos piden un visado especial de negocios, que sólo puede expedirnos una embajada y tarda hasta diez días en procesarse. Es decir, podemos quedarnos en Sydney hasta diez días sin pasaporte. Además, hay que dar una dirección postal de una vivienda particular para que te envíen el visado, razón por la cuál nos alojamos en casa de Tina y John, entre otras cosas.

Con Cris hemos ensayado las respuestas a preguntas que posiblemente nos harán durante la entrevista. Aunque no tenemos nada que ocultar, todo el proceso nos tiene inquietos, como si pudiéramos decir algo mal que echara por tierra todos nuestros planes, y en particular los cuatro mil euros que nos ha costado el pasaje en carguero. Pasamos casi dos horas haciendo cola, esperando nuestro turno para pasar por el control de seguridad. Se quedan con nuestro pasaporte, y nos envían diez plantas más arriba para la entrevista. Hacemos todo el trayecto acompañados por un funcionario. Finalmente llegamos a la ventanilla tras la cuál espera nuestro entrevistador. Revisa los papeles que le entregamos y levanta la cabeza para dirigirse a nosotros.

– Permítanme que les pregunte, ¿por qué han venido hasta Australia para sacarse el visado especial de negocios de EEUU?
– Estamos dando la vuelta al mundo sin aviones. La única manera de cruzar el océano pacífico es en un barco carguero. Para ello, su país pide un visado especial de negocios.
– Ya veo. ¿Les da miedo volar?.
– No, es un reto personal.
– ¿Y cómo se mantienen?.
– Tenemos ahorros.
– ¿Dejaron su trabajo para este viaje?.
– Sí.
– ¿Y no les da miedo no encontrar trabajo al volver?.
– No. Trabajamos en un sector con mucha demanda.
– ¿De qué trabajan?
– Analistas de datos.
– Bueno, pues mucha suerte en su proyecto. Recibirán el visado en la dirección señalada, en unos días.

Al cabo de dos días recibimos el visado en casa. Nos da entradas ilimitadas a EEUU durante diez años. La temida entrevista fueron únicamente tres minutos de charla casi informal. No tuvimos que demostrar ninguna de nuestras respuestas. Ni cuando era estudiante en una de sus mejores universidades, ni cuando iba por trabajo a una de sus mejores empresas, logré entrar de manera tan sencilla a Estados Unidos.

Después de la entrevista nos vamos a comer una sopa de pho al PhD, un restaurante vietnamita en el barrio obrero de Marrickville, donde poco más del 50% de los habitantes hablan inglés en casa. Otras lenguas populares son el griego (9%), el vietnamita (8%), el árabe (4%), el portugués (2%) o el cantonés (2%). El caldo está igual de bueno que en los mercados de Vietnam, pero la carne es mucho mejor. Rosada, tierna, gustosa. De regreso a casa, un matrimonio de avanzada edad discute en griego en mitad de la calle. Me pregunto si echan de menos el caos mediterráneo.

Por la tarde cocinamos tortilla de patatas y escalivada para Tina y John, agradecidos por el buen trato que nos han dado. Tina nos habla de su experiencia viviendo en Londres y Nueva York. “En Estados Unidos, cuando les decía que soy australiana, muchas veces me contestaban: ¿pero de dónde eres originalmente?. Parece ser que los australianos sólo podemos ser hombretones altos, fuertes y rubios.”

Casi el 50% de los australianos tiene un progenitor nacido fuera del país. Aunque también es cierto que hasta 1973 existieron leyes que explícitamente dictaminaban que no ser blanco te daba menos puntos para obtener la nacionalidad de la tierra de los canguros. Los padres de Tina quizás sufrieron esta discriminación, pero a pesar de lo mucho que habla, ella nunca dirá nada malo de su país.

Cuando nos despertamos, la casa está vacía. Acabamos de recoger nuestro equipaje, y antes de salir de casa dejamos un obsequio encima de la cama, para Tina y John. Es un ejemplar dedicado de Catfish and Mandala, una novela sobre la crisis de identidad de un vietnamita que escapó a Estados Unidos siendo muy niño, para evitar las represalias de la guerra. A los veintipocos, sin trabajo y desubicado en el oeste norteamericano, decide recorrer en bicicleta su país de origen, con la esperanza de encontrar en sus raíces algo a lo que valga la pena agarrarse. Lo leímos mientras viajábamos por Vietnam, donde fuimos tratados mucho mejor que el protagonista del libro.

nuestra habitación en sydney

Hacemos las maletas y dejamos un obsequio para Tina y John encima de la cama

Cogemos el tren rumbo al centro, para alquilar un coche con el que recorrerremos durante diez días la distancia entre Sydney y los doce apóstoles, mítico lugar a pocos kilómetros de Melbourne. En el vagón, una estudiante china enfundada en una camiseta con la bandera de Inglaterra. Sostiene entre sus manos una foto del príncipe Harry, al que mira embobada. De vez en cuando le da un beso, sonríe tímidamente y se sonroja. Su madre la deja hacer. Lo importante es que hoy se gradúa por la Universidad de Sydney, a donde llegarán en metro porque, quizás, el coche familiar apestaba a pollo podrido.

2 comentarios on Graduaciones

  1. neus
    2 enero, 2017 at 13:48 (11 meses ago)

    Tina y John, Olga y Víctor, la mujer de los origamis, Smith , John Carlos y Peter Norman, el guía de Tokio, creo, genial jubilado, la entrevista para obtener el visado, el viaje en moto derruida pegado a tope al conductor, las caminatas verdes, los bancales, los templos y paseos, los cementerios tan cerca del cielo…( también el de Luarca), los puentes, los ríos, los edificios… ¡Qué bien! ¡Qué gran viaje! ¡Qué felicidad! Hoy tu abuela, ‘l,avia’, me ha dicho que había leído tu última entrega. Me lo ha dicho feliz, contenta de leerte. Leeros, ver vuestras fotos, también ha sido un viaje, nuestro viaje ha sido el vuestro y tal vez también viceversa. ¡Gracias por tanta felicidad! ¡¡¡ Vamos a leer…!!!

    Responder
    • Pere Rovira
      14 marzo, 2017 at 09:10 (8 meses ago)

      gracias!

      Responder

Deja un comentario y nos harás felices