Especies protegidas

Llegamos a la estación de autobuses de Chiang Rai hambrientos. Logramos cruzar el descampado frente al parking, sorteando las decenas de tuk tuks, camionetas y taxis que compiten por nuestra atención.

Cruzamos la calle y se nos ofrecen dos opciones para saciar el hambre acumulada tras cinco horas de autobús: café ecológico con wifi para guiris, o garito destartalado para locales. Escogemos la segunda opción. En un gran mostrador tras el que dos mujeres cocinan, pedimos el único plato disponible: sopa de fideos. Nos indican que en otra mesita podemos comprar soja fresca para acompañar. Dos comidas completas por menos de lo que vale un café con leche en el café ecológico.

Comida local en Chiang Rai

Comida de bienvenida a Chiang Rai, en un garito local frente a la estación de autobuses

El hostal donde nos alojamos es un edificio de paredes leprosas, pero completamente reformado por dentro. La planta baja es un taller artesanal de ropa y complementos, en donde también ofrecen cursos, y un rincón para tomar café. En la planta superior cuatro habitaciones para huéspedes y una pequeña cocina. Charlamos con dos chicas de Singapur, fáciles de reconocer porque viajan con su Leica, GoPro y iPhone, unos 5000€ en equipamiento fotográfico destinado a nutrir sus perfiles de Facebook e Instagram. Después de descansar un rato, pedimos al dueño del hostal recomendaciones para cenar, y salimos en busca de Khao Soi, el plato típico del norte de Tailandia.

Hay muchas variantes de Khao Soi, un plato originario de Birmania que se come principalmente en Laos y el Norte de Tailandia. En Chiang Rai consiste principalmente en fideos de huevo hervidos, con una salsa parecida al massaman (curry amarillo), pero menos espesa. Se acompaña habitualmente de pollo, fideos de huevo fritos por encima, y opcionalmente lima, chile, cebolla roja y repollo.

Además del Khao Soi, en Chiang Rai se pueden probar muchísimos platos de la cocina de la zona, conocida como “comida Lanna”. El nombre procede el Reino de Lanna, un territorio independiente que agrupaba varias ciudades del norte de Tailandia, como por ejemplo Chiang Rai, Phayao, Lampang o Chiang Mai. El Reino de Lanna fue un estado independiente desde el siglo XII hasta el XVIII, con fuerte influencia India a nivel religioso, cultural y económico. El nombre significa algo así como “Reino del millón de campos de arroz”. Seis millones de personas hablan la lengua Lanna en el norte de Tailandia.

El segundo día cruzamos media ciudad para comer en un garito local, Paa Suk, al que hay que llegar pronto porque deja de servir en cuanto se vacía la olla. Aquí se come principalmente naam ngiaw. Es un plato de fideos de arroz (khanom chin) servidos en un caldo de cerdo preparado con pasta de chile y tomates. Se acompaña de sangre de cerdo coagulada en dados. El local lo regenta la misma familia desde hace tres generaciones. Como es habitual en el sudeste asiático, es un lugar muy sencillo, con el menú escrito en letras rojas en la pared blanca, taburetes de plástico y mesas para compartir. Tras un gran mostrador, en la entrada, hierven dos ollas gigantes, y un par de hombres preparan al momento el plato que les pides.

Nos acompaña Alfonso, un sevillano que hemos conocido visitando un templo solitario. Se nos ha acercado y nos ha preguntado si éramos catalanes, y a partir de aquí ya no hemos parado de hablar. Pasaremos un par de días juntos. Alfonso es guía para japoneses en Sevilla. Durante el verano hay poca actividad, y se dedica a lo que más le gusta: vagar por el mundo. Le sorprende que seamos capaces de viajar juntos tanto tiempo, y comenta melancólico que tenemos mucha suerte de habernos encontrado. Sobre todo tú, dice casi acusándome.

Alfonso prefiere no probar los fideos, no se fía. Pero cuando vamos a un templo a las afueras, y vemos una boa suelta por el jardín, no duda en cogerla entre sus brazos, acariciarla y hasta darle un beso. La valentía tiene sus temas. Se trata del Templo Negro, una especie de lugar de culto creado por un artista oscuro, rayando el satanismo pero con toques budistas, decorado con animales disecados y vivos, pieles y huesos. Todo muy raro, y de dudoso gusto.

Alfonso besa la boa

Conocemos a Alfonso, un sevillano muy simpático amante de las boas.

Para volver a la ciudad decidimos hacer autostop. Después de un par de intentos infructuosos, para una chica que conduce un Hyundai. Es profesora en un colegio, y se ofrece para llevarnos a otro templo camino de la ciudad. Nos muestra el templo, intenta explicarnos cuatro cosas con el poco inglés que habla, nos hace fotos frente al gran buda. Después seguimos hasta la ciudad, y nos despedimos muy amablemente, agradeciéndole la hora y pico que nos ha dedicado antes de seguir hasta su casa, que queda a otra hora en coche.

chica en chiang rai

Esta chica paró cuando hacíamos autostop. Además de acompañarnos a la ciudad, nos ha llevado a visitar un templo, y ha querido hacerse una foto con Cristina.

Por la noche conocemos a unos vascos en un restaurante de comida local para guiris al lado del hostal, en donde nos sirven unos Khao Soi deliciosos y Som Tam, una ensalada de papaya muy picante. En díez días viajarán por todo Tailandia, el mismo tiempo que nosotros ya casi llevamos para recorrer un trocito del norte. “Así es como solíamos viajar”, pensamos. “Y como tendremos que volver a viajar”, nos susurra una vocecilla maligna.

Al día siguiente quedamos con Alfonso para ir de excursión río arriba. El reto es intentar encontrar los poblados donde habitan las mujeres del cuello largo, llamadas así porque se colocan varios anillos de latón alrededor del cuello, estirándolo de manera inverosímil. En el embarcadero nos encontramos a la pareja vasca, que van en una excursión organizada para ver un santuario de elefantes, otro eufemismo ecologista. El chico se queja a la chica, le dice “tendríamos que ir por nuestra cuenta como ellos”. Nosotros nos sentimos orgullosos, es decir superiores.

El tipo del embarcadero nos dice que puede vendernos un ticket, pero que es mejor y más barato ir con agencia para visitar diferentes poblados y templos a lo largo del río. Insistimos en ir solos, y finalmente nos dirige a un tipo que nos llevará en su pequeña lancha. Después de un par de horas río arriba, con un paisaje espectacular, desembarcamos en un pueblo y empezamos a caminar en busca de las mujeres de cuello largo. Al cabo de un par de horas decidimos dejar de buscar. El dueño de una tienda nos explica que sólo lograremos verlas si contratamos un tour.

tienda del pueblo

En el pueblo encontramos esta tienda, que vende gasolina (las botellas que cuelgan) y conexión a internet.

Las mujeres del cuello largo forman parte de las tribus Karen, que actualmente cuentan con unos 40,000 miembros. Solían vivir al otro lado de la frontera, pero debido a persecuciones políticas y étnicas en Birmania muchos han emigrado al norte de Tailandia. El problema es que aquí no consiguen trabajo, y tienen un estatus legal confuso que las autoridades locales aprovechan para hacer negocio. Las mujeres de cuello largo exiben su cuerpo y sus artesanías en una especie de zoo humano para turistas, la siguiente parada obligada después de los santuarios de elefantes. Les pagan lo suficiente para sobrevivir (una choza, arroz y verduras), y el resto del dinero queda en manos de terceros. Mucho dinero, pues junto a los elefantes son la principal atracción turística del norte de Tailandia.

Hace unos años, una familia Karen con permiso de acogida en Nueva Zelanda como refugiados políticos, tuvo que quedarse porque las autoridades no les permitieron salir de Tailandia. El gobierno considera a las tribus Karen como “una especie protegida”, que no puede abandonar el país porque cada vez quedan menos mujeres de cuello largo. Oficialmente, el motivo es que no son refugiados políticos, si no económicos, y por lo tanto sus peticiones de asilo no son válidas. Pero todo el mundo sabe que se trata de mantener el negocio turístico, y los sobornos de las agencias. Me pregunto qué piensa esta familia Karen, obligada a vivir en la miseria por el gobierno de un país que no es el suyo, cuando los turistas les hacen fotos. Algunos han venido incluso desde Nueva Zelanda para admirar sus cuellos.

4 comentarios on Especies protegidas

  1. neus
    6 agosto, 2016 at 11:08 (1 año ago)

    ¡¡Impresionante Tailandia!!. El hostal con paredes de leprosería, las guiris singapuresas, el retrato de Alfonso, envidioso ( no me extraña) y atemorizado ante el amor y de audacia inaudita ante los ofidios, la profesora amable de sonrisa tímida, la comida, los contrastes, la explotación de las mujeres Karen. Qué bien que vayáis por vuestra cuenta, y no hayais participado del espectáculo. Ni cuellos largos, ni elefantes. Un paso atrás. Se puede viajar de otra manera, se puede vivir de otra manera.
    ¡Besos dobles, queridos viajeros! ¡Continuad escribiendo!

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    • Pere Rovira
      25 agosto, 2016 at 12:02 (1 año ago)

      Muchas gracias por los elogios. Tailandia es uno de los países más diversos e interesantes que hemos visitado, pero al mismo tiempo quizá el más turístico. Es difícil mantener el equilibrio, pero si uno se aventura un poco, quedan muchos rincones por explorar.

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  2. Orioln
    2 agosto, 2016 at 21:34 (1 año ago)

    Tristament, la definició de ‘zoo d’humans’ és la més acertada…. Obligats a deixar-se fer fotos per guiris, ,,,, durant anys, durant tota una vida??

    Els hundreds de temples d’elefants, que segons com et venen són ongs per a cuidarlos, també es una font d’ingressos. És bo o dolent?

    Qué diferencia que aquell temple o poble espanyol de colls llargs sigui algo bo per a salvar-los, o dolent per segrestar los?

    Un país cremat pel turisme. Però alhora molt maco, amb ganes de tornar, amb ganes de viure-hi!!!

    Que Contradictori tot plegat :/

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    • Pere Rovira
      3 agosto, 2016 at 12:31 (1 año ago)

      Una de les conclusions del viatge ha estat que és molt difícil trobar un equilibri entre turisme i benestar dels habitants del lloc. De fet, crec que no és possible. A major o menor escala, el turisme transforma els llocs, i per tant els llocs deixen de ser el que eren. Però també és ben cert, i molta gent local t’ho diu, que el turisme és ara per ara una de les poques alternatives per sobreviure a molts indrets.

      Val a dir, però, que hi ha moltíssimes parts de Tailandia molt poc massificades. Per exemple, Chiang Rai és força turístic, però si arribes fins al Paa Suk, el lloc on vàrem anar a dinar, estaràs envoltat de locals. Sovint només cal caminar vint minuts. Els turistes solen ser mandrosos i porucs, no els agrada desviar-se de la ruta establerta.

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