Decisiones

A los 36 años, después de 10 años trabajando en una gran empresa, se dió cuenta de que su vida en Shangai siempre sería igual. Dejó el trabajo, se despidió de su marido y de su hijo y, con una mochila a la espalda, se puso a recorrer Asia.

Tardó dos años en encontrar su lugar. Regresando de Vietnam, sólo encontró billete para un autobús a Yuanyang. Fué amor a primera vista.

Tres años después, Yi ha construído un hostal en Pugolaozhai, un pequeño pueblo en la región de Yuanyang donde pasaremos cuatro días. Le ha llamado Timeless Hostel, y sonríe cuando le digo que hablemos un rato más, que no tenemos prisa. Su marido y su hijo todavía viven en Shangai. Es la parte más dura de esta nueva vida. Aún así, no lo duda, ha encontrado su lugar y ya no sería capaz de volver atrás. Nos lo cuenta mientras tomamos un té, en pequeña terraza con dos banquitos, en la calle principal del pueblo, de dos metros de ancho.

Pugolaozhai es un pueblo de 50 casas de paredes de adobe y techos de paja, situado a diez minutos a pie del mejor lugar de la zona para admirar el amanecer sobre las terrazas de arroz. Es un pueblo de cuento de hadas donde los animales huelen mal y la gente es pobre. Las casas tienen dos alturas. En el piso de abajo viven los bueyes y los cerdos, y en el superior la familia. Viven en una sala con un fuego, para cocinar y calentar, exhalando humo las veinticuatro horas. Sólo hay electricidad para una bombilla y una televisión. Pero en invierno es más caliente que el hostal, y en verano más fresca.

Yuanyang es una región de Yunnan, al sur de China, donde residen la mitad de las 56 etnias que el gobierno reconoce oficialmente. La mayor etnia de China es la Han, el 90% de la población. El otro 10%, más de 120 millones de habitantes, se reparte entre las demás. En Yuanyang la etnia dominante es la Hani. Delante del hostal habita una familia Hani con cuatro hijos. Los niños corren por el patio y a menudo se acercan a jugar a la terraza del hostal. Las minorías étnicas se pasan las políticas de natalidad del gobierno por el forro. A diferencia de los Han, les está permitido tener hasta dos hijos, pero en la práctica tienen muchos más. Hasta que no les nace un niño no paran. Hay una familia en el pueblo con 7 hijas.

Al principio los niños vienen, ríen y se van, vergonzosos o haciéndose el interesante. Poco a poco, se quedan más rato, y cuando ya tienen confianza traen algún cuento, o unos cromos, y nos invitan a que los distraigamos. Muchos no van al colegio. Los padres suelen trabajar en los campos de arroz, pero también en la ciudad cuando el arroz está creciendo y no da mucho trabajo. No tienen tiempo para ocuparse de los hijos, que acaban haciendo lo que les da la gana. Pero a nadie parece importarle demasiado. Yi nos explica que desde hace un par de años no tienen profesor de inglés en la zona. Disponen del dinero de una ONG, pero nadie quiere venir a enseñar aquí. Es algo que me cuesta creer.

Bueyes en Pugolaozhai

Escena típica en Pugolaozhai, donde animales y personas comparten los espacios

Frente al hostal, la calle principal del pueblo está flanqueada por dos canales de unos 15 centímetros de anchura, por donde baja el agua. Yi levanta el vaso de té y nos dice que estamos bebiendo del canal. El agua bajo tierra está muy caliente, y al salir al exterior se evapora hacia la montaña, donde se enfría y vuelve a bajar al valle por infinitos riachuelos y canales, en un ciclo permanente que dota a los campos y a las casas de agua prácticamente ilimitada. El sonido del agua circulando es constante en toda la región, tanto en el campo como en los pueblos.

Para construir el hostal, Yi tuvo que batallar contra la ineficiencia y la poca calidad con que trabajan, dice, en la zona. Muchas veces estuvo a punto de tirar la toalla, pero poco a poco se fue acostumbrando a las maneras del lugar, y los lugareños a las suyas.

Escalera de ladrillos

Métodos de construcción made in China

Ahora es una figura bastante respetada, pero tiene a un hombre de socio, que le hace las cosas más sencillas. Es una mujer fuerte, de brazos anchos y cara redonda, con la voz ronca y la piel oscura. Debió ser muy guapa con unos quilos y unas arrugas menos, hace unos años. Se lo toma todo con mucha calma, y como buena china tiene muy claro el largo plazo. Su proyecto para los próximos años es ampliar la terraza y hacer un restaurante. Después, construir un edificio anexo con un museo de la cultura Hani, para que los turistas puedan hacer algo durante las horas de lluvia como las que estamos pasando hablando, que son frecuentes.

Los Hani tienen una lengua sin caracteres – “without characteristics” como dice Yi -. No tiene nada que ver con el mandarín, de hecho le cuesta de entender más que el inglés. Son capaces de recitar los nombres de los ancestros de 50 generaciones, hasta el principio de los tiempos de su tribu. Los hombres visten con chaquetas negras con una hilera vertical de botones delante, pantalones anchos y turbantes negros o blancos en la cabeza. Las mujeres lucen vestidos negros o azul índigo, aunque algunas incluyen cenefas de colores en las mangas. Desde hace 1300 años han ido construyendo un sistema integral de agricultura y ramadería basado en las espectaculares terrazas de arroz. Más de 1000 kilómetros cuadrados de una belleza única en el mundo, que son el símbolo de la región.

Terrazas de arroz en Yuangyuan

Las terrazas de arroz son el principal atractivo de Yuangyuan. Cuando están inundadas, forman un espectáculo de colores surrealista.

Para construir las terrazas de arroz, los Hani eliminaron el bosque de las montañas, y fueron excavando las terrazas donde plantan el arroz. Para alimentarlas, construyeron un complejo sistema de canales que trae el agua desde la cima hasta el valle. En algunos lugares pueden admirarse hasta 3000 terrazas descendiendo por la montaña como cascadas verdes. Utilizan bueyes para excavar la tierra (les llaman “water buffalos”, por su facilidad de moverse por el agua). Los patos proporcionan fertilizante para la planta joven del arroz, y los cerdos y los pollos para la planta más madura. Incluso los caracoles juegan un papel, erradicando las plagas de los campos. Es un ecosistema perfecto entre hombre, tierra, arroz, agua y animales. Y religión.

Los Hani creen en la interdependencia de todas las cosas, en especial de la naturaleza, la comunidad y las divinidades. Son politeístas. Profesan especial adoración a los dioses del cielo, de la tierra y del pueblo, y a los espíritus de los ancestros. En el pueblo, el Zuima es quien dirige las principales celebraciones. El Beima es el responsable de practicar los exorcismos y rituales mágicos. El Nima se ocupa de las predicciones, y de subministrar las hierbas medicinales. Los Han les consideraron durante mucho tiempo un pueblo bárbaro y atrasado. Vivieron prácticamente aislados del resto de China hasta la revolución de 1959.

El segundo día de nuestra estancia, alguien muere en un pueblo cercano. Durante los dos días siguientes, oiremos tracas de petardos a menudo, para espantar a los malos espíritus. Cuando alguien muere, cuando un animal salvaje entra en el pueblo, cuando hay un incendio o cuando un perro sube a un tejado, se deja de trabajar y se celebran rituales para espantar la mala suerte. No logré que me explicaran el significado del perro subido al tejado, pero así es, parece ser. Otra superstición curiosa es la del matrimonio. Los padres de una pareja que quiere casarse deben caminar una cierta distancia juntos. Si no se cruzan con ningún animal, la boda puede celebrarse. Tras la boda, al cabo de un par de días la esposa regresa con sus padres, y no es hasta la época en que se planta el arroz cuando va a vivir con su marido.

Ha dejado de llover. Terminamos el té. Como es tarde, decidimos dejar la excursión por las terrazas de arroz para mañana, y visitamos los pueblos de alrededor, aldeas de entre 20 y 100 casas. A pesar de que estamos en una zona remota y poco explotada turísticamente, se ven signos de que quizá la cosa cambie en los próximos años. Nos encontramos con varios edificios en construcción, y mucha gente trabajando de forma desorganizada y precaria. Un hombre llena palas de piedra a un lado de la carretera, y las deja al otro lado. Varias mujeres se dedican a poner uno sobre otro los ladrillos que un camión ha desparramado a un lado de la carretera. Otras mujeres los cargan en los cestos de paja que tradicionalmente utilizaban para recoger la cosecha, y los transportan a otros lugares del pueblo. Otro grupo de mujeres pica piedra hasta romperla en pedazos. Ninguna expresión en sus rostros, cada cuál parece ir a la suya. Viendo a tanta gente trabajar tan mal, no puedo evitar pensar que es un gran paso atrás respecto a la magnífica ingeniería de las terrazas de arroz.

Los nuevos edificios no respetan la estética de las casas tradicionales, y como los pueblos son muy pequeños, corren el riesgo de perder su identidad en pocos años. Me pregunto por qué en nuestra época tantas cosas se están perdiendo. Yuanyang ha sobrevivido intacta durante 1300 años, pasando por varias dinastías feudales que explotaban sin piedad a sus habitantes. Y justamente ahora, cuando la vida aquí ha mejorado sustancialmente, cuando tienen comida, sanidad, educación, internet y televisión, justamente ahora van a cargarse el paisaje de su identidad. Quién sabe cuántos años durará todo esto. El precio del arroz baja, y los campesinos se ven obligados a trabajar en otras cosas para mantener un tren de vida moderno. Pronto, alguien hablará de la necesidad de cambiar las terrazas de arroz por plantaciones más rentables. El progreso económico, tecnológico y social se llevará por delante una obra de arte de 1000 kilómetros cuadrados y 1300 años de antigüedad.

Hay alternativas. Aquí se produce una variedad de arroz rojo, ecológico, difícil de encontrar en otros lugares. Con la comercialización adecuada, podría venderse mucho más caro. El turismo sostenible es otra vía, cada vez más importante. Y desde hace tres años la zona es patromonio mundial de la Unesco, lo cuál presiona a las autoridades para mantenerla en condiciones y no perder la distinción. Pero hemos cruzado todo China hasta llegar a un lugar así, y lo que hemos visto no invita al optimismo. Quién sabe, quizá Yuangyuan será la primera excepción.

Por la noche cenamos con los ingleses en el hostal. Tienen 25 años. Ron lleva viajando por el mundo desde hace dos años, dando clases de inglés, y habla con esa seguridad de quién sabe que su idioma le garantiza trabajo fácil en cualquier lugar. Julius estudia el doctorado, y todavía le duele tanto la barriga que pronto se retira a su habitación. Desde hace 7 meses, Ron da clases de inglés en un colegio de una pequeña ciudad China a dos horas de Beijing. No tiene muchas contemplaciones al hablar del sistema educativo del país. Nos explica que nunca ha trabajado con niños tan complicados como los chinos. Que no saben pensar, que sólo memorizan, que no entienden nada. No entienden que tienen que entender, un laberinto del que es difícil salir. “¡Son tan inútiles! ¡Es desesperante!”. Debe ser buen profesor, porque siempre sonríe, es muy entusiasta, y a pesar de todo lo que raja de los chinos, se nota que se lo pasa muy bien enseñándoles.

Nuestros amigos Ron y Julien

Pasamos un rato muy agradable con Ron y Julien, nuestros amigos en el Timeless Hostel de Pugolaozhai

Nos tomamos tres o cuatro cervezas, y como es habitual con los ingleses, pasamos un rato muy agradable, como si fuéramos amigos desde hace años. Después, sin más, nos decimos adiós, y cada uno continúa con sus vidas.

2 comentarios on Decisiones

  1. Neus
    8 febrero, 2016 at 11:56 (3 años ago)

    Buenísimo el título, Decisiones, y tan real!! Me encanta esta entrega y creo que no se perderá tanta belleza. Hay que conseguir que no se pierda. Vuestro viaje ayuda a que no se pierda, también la hostalera. Me encanta la foto de los cuatro; me gustan mucho las manos de Cris y las tuyas cogidas. ¿Ron es el que está a la altura de Cris? ¡Muy majos, los cuatro! ¡¡Besos dobles!! A por las terrazas!!

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    • Pere Rovira
      19 marzo, 2016 at 18:33 (3 años ago)

      Ron es el primero. Esperemos que estos textos ayuden a rememorar cuando la memoria falle… Gracias!

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