Cuatro o cinco

Kunming es la capital de Yunnan, en la China del sur. Con tres millones y medio de habitantes, un clima templado y menos contaminación, es una ciudad más amable que las grandes urbes. Llegamos en tren a las 12,30 del mediodía, procedentes de Chengdu, después de 16 horas de traqueteo. Hemos viajado en tercera clase, 48 pasajeros en un vagón sin compartimentos, con tres pisos de literas. La litera superior es la más barata, pero conviene evitarla si se tiene miedo a las alturas. Puesto que no sabemos leer el billete, no hemos podido comprobar qué litera nos había tocado hasta que hemos llegado. Hemos respirado aliviados al ver que eran las del medio, que son las mejores. En las de abajo se sienta todo el mundo, y se ensucian pronto.

Viajamos en literas de tres camas y sin compartimentos.

Viajamos en literas de tres camas y sin compartimentos.

En este trayecto hemos visitado el vagón restaurante. A diferencia de los trenes rusos (y por supuesto los europeos) el vagón restaurante chino es como entrar en cualquier taberna de la ciudad. Ruido y olores en la cocina, gritos de los camareros, risas y charlas animadas en las mesas, un menú interminable. Por supuesto, hemos sido una de las atracciones de la noche. El camarero se ha sentado en nuestra mesa, y ha repasado con nosotros el menú, que por suerte tenía fotos de cada plato. Varias recetas de pollo, cerdo, ternera o pescado; verduras, sopas, fideos, arroces. Cena para dos completa, al precio de un bocadillo de la Renfe. El auténtico milagro chino.

El tren termina en Kunming, y por lo tanto baja una multitud. Salir de la estación es como entrar en El Corte Inglés el primer día de rebajas. Tras quince minutos de avanzar a trompicones, lo conseguimos. Dejamos las maletas en la consigna. Tenemos unas horas para visitar la ciudad, antes de coger otro tren para Dali, un pequeño pueblo donde nos tomaremos unos días de descanso. Decidimos visitar el parque. Buscamos el caracter de “parque” en las paradas de autobús de la estación. No lo encontramos.

Un chico se nos acerca y nos pregunta algo, supongo que a dónde vamos. Intento pronunciar el nombre del parque. Siempre lo hago en los cuatro tonos del mandarín, para ver si con alguno acierto. No hay suerte, no entiende nada. Me coge el móvil de las manos, y por un instante siento el miedo del turista. Pero sólo quiere ver los mapas de la guía, y el caracter escrito, y entonces entiende. Nos dice algo, y hago cara de no comprender. Entonces levanta dos dedos, indicando el número dos, y nos lleva unos metros hasta la otra parada. Nos hemos entendido. “Xie, xie, xie xie”.

Cogemos el autobús número dos y, tras media hora de viaje descifrando al vuelo los nombres de las calles en chino, contrastándolos con los caracteres del mapa, entendemos que estamos cerca del parque y bajamos del autobús. Viajar así puede verse como un engorro o como un juego. Preferimos la segunda opción. De este modo, llegar al parque en autobús se convierte en un reto emocionante y divertidísimo. Sólo hace falta no tener ni prisa ni miedo.

Observando las flores en la tranquilidad

Flores de loto en el parque central de Kunming

El parque central de Kunming es famoso por sus estanques repletos de flores de loto Alfombras de hojas verdes con un estampado de flores de color rosa. Suena de fondo la música de unos ancianos que tocan el violín chino, sentados junto al lago. La escena es perfecta. Compramos unas palomitas, y paseamos. Una pareja observa las flores y se da la mano. Un hombre hace taichi en una plataforma de madera sobre el agua. Un grupo de fotógrafos con sus trípodes va cambiando de un lugar a otro a medida que el sol se mueve. Una chica descansa estirada en un árbol, mientras su madre hace ejercicios colgada de una rama. Un tipo se mueve con una moto eléctrica sobre la que ha montado un parasol. En un rincón, una pequeña multitud en pie mira una película clásica en un cine improvisado al aire libre.

Cine improvisado en el parque

Cine improvisado en el parque

Pasamos la tarde en un café occidental con internet, sofás y música de jazz. Suena Take Five, una canción que solíamos tocar con Xavi, Landiman y Jose Angel, y me pongo algo melancólico. Les escribo un whatsapp. Trabajamos. Contactamos con la familia.

Voy al baño del café. Un cartel indica que sólo es para mear, si uno quiere hacer mayores debe ir al lavabo público al otro lado de la calle. Allá voy, resignado a vaciarme en cuclillas y estresado, pendiente de no resbalar, de nuevo entre la suciedad y la peste. Quizá es por contraste con la pulcritud del café occidental, pero este baño me parece más asqueroso que ninguno de los que he visitado. Salgo maldiciendo la suciedad de este país, y me encuentro con la mujer encargada de limpiar, sentada tras un mostrador en el que lucen cuatro o cinco yuanes de los clientes. Su hija de cuatro o cinco años juega y ríe correteando alrededor.

Cenamos una ensalada y un plato de pasta, y regresamos en taxi a la estación de tren.

3 comentarios on Cuatro o cinco

  1. Neus
    8 febrero, 2016 at 11:17 (2 años ago)

    Molt bé, Oriol! Jo també et trobava a faltar! Muy bonita esta entrega, muy interesante. Me ha gustado mucho lo que dices de los niveles de las literas, del bar-taberna, del parque abigarrado, lleno de actividades completamante diferentes, de los recuerdos y del método de escritura!! Está muy bien reflexionar al final del día y es verdad, a veces la escritura embellece lo vivido. Debe ser una de sus funciones…¡ Adelante queridos viajeros, besos dobles!

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  2. Oriol
    2 enero, 2016 at 22:28 (2 años ago)

    En certs moments sembla que estiguis a Japó amb rituals, jardins contemplatius, tai chi….

    Pero de cop et trobes en bars super guarros, lavabos anti tot…

    Es sol dir, i crec que és veritat, que els records sorgeixen de moments d’impacte emocional. No recordes res d’especial d’un dia con un altre. Recordes els contrasts, el que et va agradar molt, el que vas maleir tant. Amb les persones, músiques, pelicules i llibres el mateix.

    Bé, ara amb les fotos tant facis de fer i guardar, d’aquí uns anys pots recordar coses que havies oblidat. Inclús suposo que ja et deu estar passant al escriure sobre coses que vau viure fa mesos, has de recórrer a fotos, o amb sessions de records amb la cris. O com ho fas??

    Així que el millor és que cada dia sigui una mica com una aventura, improvitzada, a vera que surt de bo, millor que de dolent.

    Gran viatge que no oblidareu!!

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    • Pere Rovira
      7 enero, 2016 at 19:20 (2 años ago)

      Ja trobabem a faltar els teus comentaris, benvingut de nou! 🙂

      Tens raó amb això dels records. Com solen dir, el temps està fet de moments i no pas d’hores. Per tal de poder escriure el blog amb tanta diferència temporal, el que faig és anar prenent notes cada dos o tres dies. Són els esborranys que després, juntament amb les fotografies, em permeten retornar als llocs que hem visitat. També són molt útils les notes de veu, simplement parlar a la grabadora explicant el que ha passat en un dia. Caldria fer-ho sovint, crec, com rentar-se les dents. Reflexionar sobre el dia que ha passat sovint contribueix a millorar-lo.

      M’ha fet gràcia això de les “sessions de records”… Ho fem sovint amb la Cris, i ara ja tenim un nom per anomenar aquesta activitat 🙂

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