Bo parang

A los 21 años Henri Pierre llegó a Luang Prabang desde su Francia natal, para realizar unas prácticas de turismo. Por qué escogió esta ciudad, no sabe decirnos. Quería un lugar exótico y lejos de casa. El primer fin de semana después de su llegada, salió con los compañeros de trabajo a tomar algo.

Alguien sugirió ir a jugar a los bolos. Y así fue como vió por primera vez a Kham, una chica de pueblo de dieciséis años, que trabajaba en la bolera para pagarse la vida y los estudios en la capital. Ocho años más tarde, se han casado, han construído una casa a las afueras, tienen una hija. Él habla un perfecto laotiano y trabaja en un hotel. Ella ha aprendido inglés y gestiona el pequeño negocio turístico familiar: alquilan dos habitaciones, dan cursos de cocina y organizan excursiones.

En una de las habitaciones se aloja un matrimonio australiano y su hija adolescente. En la otra habitación nos alojamos nosotros. Es una casa de dos pisos, de cemento y madera. En el piso de arriba las habitaciones de los huéspedes y un gran balcón desde donde la mirada se pierde por los campos de arroz que nos rodean. En el piso de abajo la cocina, el comedor y los aposentos de Kham y Henri Pierre. En la casa de al lado viven los padres de Kham. Un pequeño jardín rodea las dos casas, y alberga un cobertizo con una mesa alrededor de la cuál pasaremos largas noches.

El tercer día por la mañana, Henri Pierre nos invita a ir en su coche a Luang Prabang, a diez minutos de casa. Hay buena sintonía entre nosotros, aunque no nos conocemos mucho. Empezamos a hablar sobre la vida en Laos como tres amigos de toda la vida. HP, como le llaman coloquialmente, explica que el concepto clave para entender la vida en este país es “bo parang”. “Después de esta vida viene otra. Muchos adolescentes del pueblo de Kham me han dicho: en esta vida soy campesino, en la siguiente seré funcionario”. Bo parang. “A una mujer se le murió un hijo de un año por una gripe. No fue ningún drama. Ya tendrá otro.” Bo parang. No importa. It’s ok, no problem.

durmiendo la siesta

Si no hay clientes, ya vendrán. Mientras tanto, a dormir la siesta matinal. Bo parang.

HP nos dice que irá un poco más tarde a trabajar, y así puede llevarnos a desayunar a su lugar preferido. Es un garito en una esquina, con una barra y varias mesas atendidas por una mujer regordeta de unos cincuenta años, la piel lisa y la mirada satisfecha. Los muebles son viejos, el suelo es de cemento manchado y los techos de barraca. Las mesas de plástico, los ules immaculadamente limpios, de colores chillones y cenefas horteras. Sobre cada mesa, un paquete de servilletas, un dispensador de palillos, varias latas de leche condensada, un bote de azúcar y varios tarros con salsas diversas. La gente viene a comer una especie de churros que se mojan en un café muy fuerte rebajado con leche condensada y varias cucharadas de azucar. “Esta mujer es una de las más ricas del pueblo. Tiene varias propiedades para vivir de renta sin ningún apuro. Todo el mundo lo sabe. Pero lo que le gusta es trabajar aquí, cada día, con sus joyas y su reloj de oro bien visibles.”

sirviendo el café

Tomamos un café en un garito de la esquina. Es el lugar preferido de Henri Pierre.

probando los churros

Probando los churros típicos del café. Henri Pierre al fondo.

“Si no fuera por mi hija, dice, no volvería a Europa ni loco. En Europa no sabemos vivir. Pero aquí la educación es muy mala. Es parte del sistema. Cuanto menos sabes menos piensas. En Luang Prabang es diferente, pero esta ciudad no es Laos. El pueblo de Kham es Laos. Allí, los hombres dividen su vida en arroz, alcohol y mujeres. No hay ambición porque no hay nada más. De algún modo, es el mejor sistema para vivir de la mejor manera con lo poco que tienen, que es muy poco. Las cosas pasan por buena suerte o mala suerte, pero en todo caso bo parang. No podemos juzgarlo, nosotros no sabemos nada de sus condiciones de vida. Pasé allí ocho meses, para convencer a la familia de Kham y que pudiéramos casarnos, y fue muy duro. Hay cosas que no puedo soportar. Un niño no puede dormir con los pollos y los cerdos. Enfermará y morirá. Es un hecho, no tiene nada que ver con la suerte. Pero no lo entienden.”

“Claro, quién sobrevive es muy fuerte, pura selección natural”, digo. “Sí, pero entonces mi hija estaría muerta”, contesta, y nos explica que cuando tenía un año la pudieron operar de un problema grave porque tienen dinero.

Quizás HP habla de la vida en los pueblos, de lo que Laos se supone que era, frente a lo que se supone que es o debe ser. O quizás el artículo de National Geographic que leo ahora cae en los tópicos cuando habla de un país de gente fuerte, tenaz y emprendedora, con una gran capacidad para olvidar y superar los problemas de la vida. Para convertir amenazas en oportunidades. Quizá ninguno tiene la razón. Quizá los países y sus gentes no son de ninguna manera.

En todo caso, me gusta hablar con HP. Le pregunto si las cosas están cambiando. “Claro. Con facebook, más que con la televisión, los jóvenes ven lo que hay fuera. Esto lo cambiará todo. En cuarenta años esto será como Tailandia. Incluso en el pueblo de Kham encuentras ya cerveza, es decir dinero. Cuando yo llegué sólo te podías emborrachar con licor de arroz casero, porque no había dinero. Literalmente.”

Habla con la melancolía de quien es testigo de un mundo que se acaba. Un mundo en el que parece ser muy feliz, pero en el que no quiere educar a su hija. Un mundo que le ha permitido vivir como nunca podría haber vivido en Francia, pero gracias a su educación francesa.

Vamos a dar una vuelta. A veces un desayuno da para mucho. Pero si Henri Pierre leyera esto, creo que me sugeriría terminarlo así: bo parang.

2 comentarios on Bo parang

  1. neus
    6 agosto, 2016 at 11:39 (1 año ago)

    DE acuerdo con el final, Henri Pierre parece ser feliz gracias a su educación francesa. Además, para su hija no quiere “Bo parang”. Yo tampoco lo querría. Buen relato, con ese final que se hace eco del principio y lo cuestiona. Gracias, una vez más. ¡Besosss doblesss!

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    • Pere Rovira
      25 agosto, 2016 at 12:14 (1 año ago)

      Son las contradicciones de muchos lugares… se vive bien, si aceptas ciertos inconvenientes e ignoras ciertas realidades… pero en Europa, ¿es muy diferente? ¿será muy diferente para ellos? Antes tenía muy clara la respuesta, ahora ya no estoy tan seguro.

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