Aborígenes

Pasamos un campo de césped recién podado, de trescientos metros cuadrados. En mitad del campo, una orgullosa caravana en buen estado. Un flamante letrero anuncia que está en venta. Cristina conduce en silencio. Yo miro por la ventana, absorto en la contemplación de tanto espacio deshabitado. Más allá de donde alcanza mi vista, imagino las formas y las gentes que habitan la gigante mancha marrón del desierto. Un lugar donde la tierra no vale nada.

Australia es el sexto país más grande del mundo, pero está muy poco poblado. Sólo Mongolia tiene una densidad de población menor. El desierto australiano es prácticamente tan grande como los Estados Unidos. Un 85% de sus habitantes reside a menos de 50 kilómetros del mar.

Cuando le comento esto a un amigo, me contesta que la baja densidad de población en Australia no se explica únicamente por su geografía. Por ejemplo, el país nunca destacó por su industria manufacturera, y por lo tanto no atrajo grandes olas migratorias como las que poblaron los Estados Unidos.

Pero la geografía y la economía no lo explican todo. La “White Australian Policy” (“Política de la Australia Blanca”) designa el conjunto de políticas para restringir la entrada al país de los que no eran “descendientes de europeos”. Hace ya casi 50 años que se dejaron de lado estas prácticas, pero actualmente el 90% de la población es blanca. Es una cifra aproximada, puesto que la raza no es un dato del censo. Se considera políticamente incorrecto recoger este dato.

Llegar al país sigue siendo muy complicado para muchas personas. La policía intercepta en el mar a los migrantes indocumentados, y los retiene en campos de detención remotos, algunos en otros países como Papua Nueva Guinea o Nauru. Son centros gestionados por empresas privadas de Australia, Reino Unido e incluso España, que en 2016 entró en el negocio de la deportación de la mano de la constructora Ferrovial. Ante las acusaciones de crímenes contra la humanidad, la empresa ha respondido que no piensa renovar los contratos vigentes. Mientras tanto, el gobierno australiano paga a Ferrovial 1.4 millones de dólares al día. Por los servicios prestados.

Paramos en Edén para visitar el “Killer whale museum” (Museo de la Orca). Cuando llegamos falta poco menos de una hora para cerrar. La responsable del museo nos sugiere que regresemos otro día.

– Aquí hay mucho que ver, no tendréis tiempo.
– Nos sabe mal, pero estamos de paso. Sólo podemos visitarlo ahora.
– Entonces os cobraré el precio infantil. Me sabe mal cobraros la entrada completa. Estoy a vuestro servicio si tenéis cualquier pregunta.

En el museo conocemos la historia de la orca Old Tom, que durante muchos años colaboró con los cazadores de ballenas de la zona. El mecanismo era el siguiente: cuando Old Tom y sus compañeras detectaban la presencia de ballenas en la zona, empezaban a mover sus imponentes aletas superiores para agitar el agua. El pescador de guardia de turno daba la señal de alerta: tocaba ir de caza. Entonces las orcas rodeaban a las ballenas, y las iban empujando hacia el interior de la bahía, donde esperaban los pescadores para matarlas. Las orcas recibían como premio la lengua y los labios de las grandes ballenas, su manjar preferido. Inteligentes para cazar cooperando con el hombre, y para apreciar el mejor bocado.

Los cazadores blancos de ballenas copiaron esta técnica de los aborígenes, que durante siglos se abastecieron de este modo. Los blancos, sin embargo, no pescaban para sobrevivir, sino para comerciar. Por ello en poco tiempo acabaron con las ballenas. Actualmente, en Australia está prohibido capturarlas, cosa que ha contribuido a su recuperación. Durante nuestro viaje las contemplaremos en varias ocasiones.

Puesto que es época de migración, es muy habitual caminar por la costa y ver a lo lejos un gran chorro vertical, y a veces la victoriosa cola de la ballena despidiéndose del aire, como una escultura instantánea sobre el mar. Pueden aguantar hasta una hora y media debajo del agua. Esto les permite encontrar comida en las profundidades del desierto oceánico, donde ningún otro mamífero puede llegar. Son las aborígenes del mar. Su historia es la misma que la de los aborígenes de la tierra.

3 comentarios on Aborígenes

  1. Neus
    11 mayo, 2017 at 12:22 (6 meses ago)

    La historia de las orcas cazadoras, me recuerda un antiguo cuento del Conde Lucanor, el de las aves que al ver que los hombres sembraban lino y podían hacer lazos se aliaron con él para cazar otras aves y así no ser cazadas. Creo que eran las sabias golondrinas. ¡Cuánto enseña la literatura! Bueno, solo hace que “copiar” a los aborígenes de la tierra o del mar. ¡Felicidades! ¡Gran relato!

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    • Pere Rovira
      15 mayo, 2017 at 15:38 (6 meses ago)

      Muchas gracias por el punto de vista literario, no conocía esta historia. Ciertamente, se parecen. Y gracias también por seguir comentando.

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      • neus
        19 mayo, 2017 at 10:16 (6 meses ago)

        ¡¡Gracias!! Una nota más respecto al cuento o ejemplo; es el número VI cuyo dístico final dice: “Al principio debe el hombre alejar el mal, para que no le pueda alcanzar”. A veces no se consigue… pero seguro que en la obra Don Juan Manuel incluye otro cuento para estos casos…;-). ¡¡Besos dobles!!

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