Un buen lugar

Preparando la cena junto al lago Glenorchy, con nuestra campervan

Tras un buen rato en el pueblo levantando el dedo sin éxito, decidimos ir andando hasta la carretera nacional. Arrastramos las maletas por un camino de tierra cuesta arriba. Mientras me seco el sudor de la cara con una servilleta de papel, maldigo el ideal aventurero que nos ha empujado hasta esta cuneta empinada. ¿Era necesario viajar a Queenstown en autostop, con el calor que hace? Seguir leyendo

En las antípodas

Pedaleamos por senderos de tierra. Alrededor, campos y colinas cubiertos por una infinita alfombra verde. En el horizonte, los glaciares rayan el cielo, y se confunden con las nubes. Podemos pasar horas sin cruzarnos con nadie. Nos acompañan el viento, las ovejas y los pájaros. Seguir leyendo

Central Otago Railway

El tren para en una estación a diez kilómetros del pueblo más cercano, Middlemarch. En el andén de tierra nos espera una mujer de unos sesenta años. Nos ayuda a colocar las mochilas en la parte trasera de su furgoneta pick up. Por la camiseta sin mangas asoman unos brazos anchos y fuertes, salteados de pecas como lentejas. Seguir leyendo

Cuatro o cinco imágenes

Nueva Zelanda es al principio una nebulosa en mi cabeza, que cristaliza fugazmente en cuatro o cinco imágenes de manera intermitente. Luego repaso el listado de lugares que visitamos, convenientemente anotado en mis cuadernos digitales. Si me concentro en un lugar, al poco rato aparecen claramente cuatro o cinco imágenes. De modo que en un par de horas he rememorado el viaje. Y durante todo el tiempo, una sonrisa se ha apoderado de todo mi cuerpo. Así fue Nueva Zelanda: una sonrisa. Seguir leyendo

Garbage in, garbage out

Cuando se viaja muy lentamente, el viaje es medio y fin al mismo tiempo. Viajar lentamente es un pasaporte hacia la plenitud. Porque si uno viaja lo suficientemente lento, no llega nunca a ninguna parte. Y ahí radica la felicidad del eterno viajero, el único tipo que existe de viajero. Llegar es terminar. Seguir leyendo

Entretenimiento

Zarpamos a las 15h. El piloto dirige la maniobra de salida del puerto, que durará unas dos horas si todo va bien. Es el típico australiano afable y campechano, que dirige un carguero de 300 metros de largo como si fuera lo más natural del mundo. Va vestido con pantalones cortos y camisa de manga corta. Lleva gafas de sol. Más que el piloto, parece el pasajero de un crucero para jubilados anglosajones. Seguir leyendo

Primer día a bordo

A las 12 bajamos a comer. Conocemos a Devi, la otra pasajera, una chica de Estados Unidos de 25 años. Dice que está contenta de que seamos gente normal. Ella es una poeta activista, vegana y feminista. Está desarrollando un proyecto sobre el agua, financiado por la Universidad de Harvard. Lleva colgada del cuello una cartulina en la que pone “cuéntame tu historia sobre el agua”. Su plan es recoger varias de estas historias, y escribir un libro sobre la relación del ser humano con el agua. Seguir leyendo

El noventa por ciento

Melbourne es una ciudad ideal para descansar una semana. Así, al menos, la disfrutamos nosotros. Buen café, buena comida, buenos museos. El séptimo día, ayudamos al conductor del taxi a poner las mochilas en el maletero, y le indicamos que nos lleve al puerto de mercancías. En uno de sus 35 muelles está atracado el carguero que nos ha de llevar en cinco días hasta Dunedin, en Nueva Zelanda. Seguir leyendo

Bernard

Los siguientes días transcurren más deprisa. Promediaremos unas cuatro horas diarias de coche, y una noche por lugar. Un “roadtrip” en toda regla. Durante gran parte del trayecto nos acompañará un austríaco de veinticinco años que está recorriendo Australia a dedo.  Seguir leyendo

Un día

Pequeña playa local en Australia

Paramos en una pensión a las afueras de un pueblo sin alma, a escasos kilómetros de la carretera principal. Nadie contesta cuando hacemos sonar el timbre, pero la puerta está abierta. Una luz amarillenta y antigua ilumina tibiamente el recibidor. Seguir leyendo

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